El encuentro entre Pedro Sánchez y Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo dejó las imágenes de rigor: gestos de entendimiento, retórica compartida sobre el multilateralismo y la habitual condena al «retorno a la ley de la selva», expresión favorita de la diplomacia china para criticar el desorden global que atribuye al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Pero el verdadero peso político del encuentro no llegó ante las cámaras, sino horas después, en el comunicado de Pekín. Y en ese texto aparece una frase que Moncloa no reconoce como propia: que España respalda el «principio de una sola China».
La trampa semántica que separa dos conceptos
La distinción no es un tecnicismo menor. España, como la mayoría de países occidentales, defiende históricamente la «política de una sola China»: una fórmula deliberadamente ambigua que reconoce a la República Popular como gobierno legítimo, pero elude cualquier pronunciamiento explícito sobre la soberanía de Taiwán. El «principio de una sola China», en cambio, es la formulación propia de Xi Jinping: Pekín sostiene con ella que Taipéi forma parte inalienable de su territorio, sin matices ni espacio para la interpretación.
No es la primera vez que China introduce esta distinción de forma interesada. En la visita de Sánchez a Pekín en 2024, el comunicado chino ya recogía que el presidente español «se adhiere firmemente a la política de una sola China», no al «principio». Este año, el salto semántico es mayor, y la Moncloa ha optado por remitir a la ficha oficial del Ministerio de Exteriores como única respuesta, sin desmentir el texto directamente ni exigir ninguna rectificación pública.
La respuesta del Gobierno español resulta, cuanto menos, tibia. Moncloa se limita a señalar que España «no mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán» y gestiona sus vínculos con la isla a través de la Cámara de Comercio, un organismo de perfil bajo. Esa versión contradice al comunicado de Pekín, pero el Ejecutivo de Sánchez evita decirlo con esa claridad.
Pekín capitaliza el encuentro más allá de lo pactado
El texto chino va todavía más lejos. Atribuye a Sánchez el apoyo explícito a cuatro iniciativas globales propuestas por Xi, entre ellas la Iniciativa de Gobernanza Global, un paquete de proyectos con el que Pekín busca redefinir las reglas del sistema internacional. Estas propuestas, presentadas ante aliados como Vladímir Putin en foros como la Organización de Cooperación de Shanghái, forman parte de la estrategia china para consolidar un bloque alternativo al liderado por Washington.
El comunicado de Pekín también recoge que Sánchez manifestó que España «valora enormemente la posición de China como gran potencia». Ninguna de estas frases trascendió en el tramo del encuentro abierto a la prensa española acreditada.
Este tipo de «lecturas chinas» tras reuniones bilaterales no son una novedad diplomática. Pekín las utiliza de forma sistemática para fijar posición, proyectar alineamientos favorables y construir un relato que refuerza sus propios intereses estratégicos en Europa. El problema no es solo lo que China dice: es que el Gobierno español no ofrece una versión pública detallada que permita contrastar qué se dijo realmente dentro de la sala.
Para Taiwán, una isla que funciona de facto como un Estado independiente —con Constitución propia, ejército y líderes elegidos democráticamente— este tipo de deslizamientos semánticos tienen consecuencias directas. Y para Xi, que ha reiterado en múltiples ocasiones su aspiración a la «reunificación», incluido el uso de la fuerza, que un presidente europeo avale su «principio» representa un espaldarazo de primer orden. Con o sin el consentimiento real de Sánchez.






