Durante una teleconferencia con líderes del Golfo Pérsico, el mundo árabe y musulmán celebrada el domingo, Donald Trump lanzó una exigencia que nadie esperaba: que todos los países presentes firmaran de forma inmediata los Acuerdos de Abraham como parte inseparable del acuerdo de paz con Irán. El silencio al otro lado de la línea fue tan prolongado que el propio Trump bromeó sobre si la llamada se había cortado.
Horas después, la Casa Blanca confirmó que la propuesta era real y firme. En un extenso mensaje en su red social, Trump lo dejó claro: «Solo habrá un gran acuerdo para todos o ningún acuerdo y volver al frente de batalla con más fuerza que nunca». Entre los líderes interpelados figuraban el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, el presidente emiratí Mohammed bin Zayed, el emir catarí Tamim bin Hamad Al Thani, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, el presidente egipcio Abdel Fattah El-Sisi y el rey jordano Abdullah II, entre otros.
Una apuesta histórica con obstáculos históricos
Los Acuerdos de Abraham, la gran iniciativa diplomática del primer mandato de Trump, ya cuentan con Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Marruecos, Sudán y Kazajistán. Antes del estallido de la guerra de Gaza en octubre de 2023, las negociaciones con Arabia Saudí habían alcanzado un punto de madurez notable: el príncipe Mohammed bin Salman llegó a reconocer públicamente ese mes que los avances estaban «cada día más cerca». El ataque de Hamás y la posterior campaña militar israelí en Gaza, Líbano, Siria y Yemen lo paralizaron todo.
La Administración Biden también trabajó en un gran acuerdo tripartito que combinaba reconocimiento saudí de Israel con garantías de seguridad estadounidenses y cooperación nuclear civil para Riad. Pero el conflicto lo enterró. Ahora Trump lo resucita, aunque con una diferencia crucial: lo plantea no como aspiración, sino como condición. «Debería comenzar con la firma inmediata de Arabia Saudí y Qatar», escribió, advirtiendo de que quien no lo haga «demuestra mala intención» y quedará fuera del acuerdo.
El presidente fue aún más lejos al afirmar que varios líderes le habrían expresado que se «sentirían honrados» de que el propio Irán se sumara eventualmente a los Acuerdos, una afirmación que, de ser cierta, representaría una reconfiguración radical de la arquitectura de seguridad regional.
Muchas aristas, pocas certezas
Las negociaciones de paz llevan meses en un bucle difícil de romper. No se trata solo del programa nuclear iraní o del cese de hostilidades, sino también de cuestiones como el estatus del Líbano, donde Irán mantiene una influencia decisiva a través de Hizbulá y donde Israel nunca ha detenido completamente sus operaciones. La primera propuesta de alto el fuego casi naufragó precisamente porque Tel Aviv intentó excluir el frente libanés.
Desde la oposición israelí, Yair Lapid cargó contra el marco esbozado esta semana, calificándolo de «perjudicial para Israel, para la región y para los ciudadanos de Irán» y advirtiendo de que no impedirá que Teherán encuentre la vía para construir una bomba nuclear.
Mientras tanto, una delegación iraní de alto nivel viajó el lunes a Qatar para avanzar en las conversaciones. La encabezaban el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi; el presidente del Parlamento y principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf; y el gobernador del Banco Central, Abdolnaser Hemmati, los mismos interlocutores que participaron en la única ronda cara a cara celebrada hasta ahora en Islamabad. La diplomacia avanza, pero Trump acaba de elevar la apuesta de forma considerable.






