El Tribunal de Apelación de París ha condenado este martes a Marine Le Pen por el caso de los falsos asistentes del Parlamento Europeo, pero ha rebajado su inhabilitación a un mínimo obligatorio de 15 meses, lo que deja abierta la puerta a que la líder del partido de extrema derecha Agrupación Nacional compita en las elecciones presidenciales francesas de 2027.
La corte ha declarado culpable a Le Pen del delito de malversación de fondos públicos y la ha condenado a tres años de prisión, dos de ellos condicionales, además de 45 meses de inhabilitación, de los cuales únicamente debe cumplir de forma efectiva 15. Esta pena, en principio, le permitiría participar en los próximos comicios presidenciales, aunque con condiciones.
Una campaña con brazalete electrónico, el dilema de Le Pen
El caso tiene su origen en una trama que se extendió entre 2004 y 2016, durante la cual el entonces Frente Nacional —rebautizado como Agrupación Nacional en 2018— desvió fondos europeos para pagar a asistentes parlamentarios que, en realidad, trabajaban para el partido. La Justicia francesa cifró el año pasado el perjuicio total en 4,4 millones de euros.
La decisión del tribunal abre un escenario que hace unos meses parecía improbable. La condena inicial, más severa, amenazaba con dejar a Le Pen fuera de la carrera presidencial antes incluso de que arrancara. Sin embargo, la resolución en apelación cambia el cálculo político de forma sustancial, aunque no elimina todas las incógnitas.
El principal interrogante no es ya jurídico, sino estratégico: Le Pen declaró públicamente hace meses que no haría campaña con un brazalete electrónico. Ahora, con la candidatura técnicamente posible, tendrá que decidir si mantiene esa posición o si la abandona ante la oportunidad de disputar la presidencia de Francia. Cualquiera de las dos opciones conlleva un coste político que su entorno deberá calcular con cuidado.
El caso sigue siendo susceptible de nuevos recursos ante el Tribunal de Casación, lo que añade otra capa de incertidumbre sobre el desenlace definitivo. Mientras tanto, la derecha francesa y sus rivales políticos reajustan ya sus posiciones ante un escenario electoral que vuelve a estar, de golpe, completamente abierto.






