Pocas veces en la reciente historia italiana una jornada concentra tantas sacudidas en política exterior. En cuestión de horas, Giorgia Meloni suspende un acuerdo de defensa con Israel, planta cara a Donald Trump y recibe el aplauso inesperado de su propia oposición. Este giro diplomático redefine el perfil internacional de la primera ministra italiana y abre una nueva etapa en sus relaciones con los socios más incómodos.
La ruptura con Netanyahu
Por la mañana, Roma anuncia la suspensión de la renovación automática del Acuerdo de Defensa con Israel. La decisión llega después de que el Gobierno de Benjamin Netanyahu convocara al embajador italiano en Tel Aviv para protestar por las declaraciones del ministro de Exteriores, Antonio Tajani, quien calificó de «inaceptables» los bombardeos israelíes en el Líbano. Esos ataques no solo provocan centenares de víctimas civiles, sino que también afectan a soldados italianos desplegados en la misión de la ONU, Unifil. La tensión diplomática entre Roma y Tel Aviv alcanza así su punto más alto en años.
El cálculo político detrás del movimiento resulta transparente: el conflicto en Oriente Medio erosiona el consenso interno de Meloni ante una opinión pública golpeada además por el aumento del precio de la energía, consecuencia directa del ataque militar contra Irán.
Trump contraataca con dureza
Más explosiva aún resulta la confrontación con Washington. Trump responde por teléfono a la corresponsal del Corriere della Sera en Nueva York, Viviana Mazza, y antes de que pueda formular una sola pregunta lanza un ataque directo a la primera ministra: «Ya no es la misma persona, y Italia no será el mismo país». El detonante es la defensa que Meloni hace del Papa León XIV tras los insultos que Trump le dirige el domingo por la noche, que ella califica de «inaceptables».
El presidente estadounidense va más allá y acusa a Italia de no querer implicarse en el asunto de Irán: «Giorgia piensa que América debería hacer el trabajo por ella». Concluye con un juicio personal demoledor: «Pensaba que tenía coraje, me equivoqué».
Meloni opta por el silencio y deja que su Gobierno responda. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, resume la posición: «Ser aliados no significa aceptarlo todo en silencio».
Una oposición que aplaude
El episodio produce además una imagen insólita: la líder del Partido Demócrata, Elly Schlein, ofrece respaldo pleno a la primera ministra desde el Parlamento. «Plena solidaridad con Meloni. No aceptamos ataques a nuestro país ni a nuestro Gobierno. Italia es un país libre y soberano», declara la líder de la izquierda italiana.
Este giro diplomático de Meloni dibuja, en todo caso, algo más que una reacción coyuntural. Apunta a una reconfiguración real de su política exterior, alejada de los socios que hasta hace poco definían su identidad ideológica y más atenta al pulso de una opinión pública italiana que observa, con creciente inquietud, cómo las guerras de otros elevan el coste de vida en casa.






