Estados Unidos y Dinamarca llevan meses negociando en secreto la apertura de tres nuevas bases militares en Groenlandia, según ha revelado la BBC citando fuentes de la Casa Blanca. La fórmula busca ofrecer una salida diplomática a las reiteradas amenazas del presidente Donald Trump de «tomar» la isla ártica «por las buenas o por las malas», al tiempo que evita una confrontación abierta entre aliados de la OTAN.
Las instalaciones se ubicarían en el sur de la isla y funcionarían bajo designación formal de territorio soberano estadounidense. Su misión principal, según el informe de la BBC, sería la vigilancia de actividades marítimas rusas y chinas en el Atlántico Norte, especialmente en el corredor estratégico que forman Groenlandia, Islandia y el Reino Unido. Washington ya opera la base aérea Pituffik en la isla, cuya posible ampliación había sido explorada previamente por las autoridades danesas y groenlandesas como gesto de buena voluntad.
Tres bases al sur de la isla para vigilar a Rusia y China
El número de tres bases podría variar a lo largo de la negociación, y las instalaciones se emplazarían en lugares donde ya existen infraestructuras —pistas de aterrizaje o puertos— para reducir costes de construcción. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca ha confirmado a la BBC la existencia de estas conversaciones, aunque subraya que no se ha alcanzado ningún acuerdo.
El jefe del Comando Norte de EE.UU., el general Gregory Guillot, ya adelantó en marzo, en un testimonio ante el Congreso, que Washington mantenía conversaciones para ampliar su presencia militar en la isla. Las nuevas revelaciones apuntan a que esas negociaciones han avanzado de forma significativa.
La sombra de Trump sobre el Ártico
La crisis en torno a Groenlandia escaló con fuerza tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. El vicepresidente JD Vance viajó sin invitación a la base Pituffik hace un año para subrayar la importancia estratégica de la isla, argumentando que EE.UU. debía controlarla «para mantener a la población de Groenlandia a salvo de las incursiones muy agresivas de Rusia y China». La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, rechazaron con firmeza cualquier cesión de soberanía y advirtieron de que un ataque de EE.UU. contra un aliado de la OTAN supondría el «fin» de la alianza.
Las amenazas de Trump se relajaron tras una reunión en Washington entre ambos líderes y Vance, y la diplomacia pasó a un perfil discreto, lejos de los focos, para no contaminar el diálogo. Aunque Trump renovó sus presiones en el contexto de la operación contra Venezuela, el asunto quedó en segundo plano con el estallido del conflicto junto a Israel en Irán.
Para Washington, Groenlandia representa mucho más que un activo de seguridad. Sus abundantes tierras raras y minerales críticos, sus reservas de gas y petróleo bajo el hielo, y su posición en el Ártico —donde el deshielo abrirá nuevas rutas marítimas que pueden sustituir a los canales de Suez y Panamá— convierten a la isla en uno de los territorios más codiciados del siglo XXI. El acuerdo que se negocia podría permitir a Trump presentar una victoria estratégica sin necesidad de una confrontación que habría partido la OTAN por la mitad.






