La desinformación rusa ha llegado ya a las elecciones presidenciales de Francia, que se celebran en 2027. Tres aspirantes al Elíseo —los exjefes de Gobierno Édouard Philippe y Gabriel Attal, y el eurodiputado Raphaël Glucksmann— han sido víctimas recientes de operaciones de manipulación atribuidas a redes vinculadas con el Kremlin, con fake news de intención claramente difamatoria.
El propósito parece evidente: debilitar a quienes podrían enfrentarse a Marine Le Pen en una segunda vuelta. Que Francia cayera en manos de la extrema derecha supondría un triunfo estratégico para Vladímir Putin: colocaría al frente de uno de los fundadores de la UE —el único con arsenal nuclear propio y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU— a una fuerza política euroescéptica y nacionalista. El tándem francoalemán y la cohesión entre los Veintisiete se resentirían de forma inmediata.
Los bulos difundidos siguen una lógica de ataque personalizado. A Philippe se le atribuyó una supuesta «demencia frontotemporal». Sobre Attal circularon rumores de Parkinson y adicción a las drogas. El caso de Glucksmann, uno de los críticos más duros con Moscú desde la invasión de Ucrania, fue aún más elaborado: la red rusa Storm1516 fabricó un supuesto intento de corrupción mediática para favorecer su candidatura, llegando a falsificar la voz de un conocido periodista de investigación, Edwy Plenel.
Francia legisla contra la manipulación electoral
El Gobierno francés no ha permanecido inactivo. El primer ministro Sébastien Lecornu confirmó el riesgo real que supone esta amenaza y se reunió con los partidos. El ministro del Interior, Laurent Núñez, presentó al Parlamento un proyecto de ley para endurecer las sanciones contra quienes manipulen la campaña electoral con información falsa. Los incidentes recientes fueron desvelados por el Secretariado General de la Defensa y de la Seguridad Nacional (SGDSN) y por Viginum, el servicio de vigilancia contra injerencias digitales exteriores, que ya operó a fondo en las últimas municipales como ensayo.
El modus operandi ruso, denominado internamente «Matrioschka», consiste en fabricar falsos reportajes, vídeos y portadas de medios franceses reales trucados. Una maquinaria de mentiras que Emmanuel Macron lleva años denunciando, incluso de forma directa ante el propio Putin.
Las amenazas van más allá de Moscú
Las injerencias no proceden únicamente de Rusia. Jean-Luc Mélenchon, candidato de La Francia Insumisa, recordó que su partido también sufrió operaciones similares en las municipales, en este caso atribuidas a una entidad privada israelí. Por su parte, la candidata ecologista Marine Tondelier fue más lejos y planteó prohibir la red X durante la campaña, al considerar que sus algoritmos favorecen sistemáticamente a la extrema derecha. «Si X se parara durante un mes, haría mucho bien al debate público francés», afirmó.
Rusia tampoco se ha limitado a la desinformación digital. Agentes de Europa oriental han protagonizado acciones de desestabilización social en Francia: ataúdes frente a la Torre Eiffel, pintadas de estrellas de David en París o cabezas de cerdo ante mezquitas, gestos diseñados para agitar fracturas ya existentes. El manual del Kremlin en Francia combina lo sofisticado con lo burdo, pero el objetivo siempre es el mismo: erosionar la cohesión interna antes de que empiece la campaña.






