Cuando el FSB ruso emitió una orden de busca y captura contra Pável Dúrov por «facilitar el terrorismo», el fundador de Telegram respondió publicando en redes sociales una foto haciéndoles la peineta. No fue un gesto improvisado: es su respuesta habitual cuando los poderosos intentan imponerle la censura. Una imagen que resume, mejor que cualquier discurso, quién es este empresario de 41 años con pasaporte ruso, emiratí, francés y caribeño, y una fortuna estimada por Forbes en 6.600 millones de dólares.
Dúrov nació en San Petersburgo y se graduó en su universidad en 2006, el mismo año en que él y su hermano Nikolái lanzaron VKontakte —hoy conocida como VK—, la red social que superó a Facebook en Rusia y le valió el apodo de «el Zuckerberg ruso». Con ese éxito llegaron también los primeros roces con el Estado. En 2011 se negó a bloquear los grupos que organizaban protestas contra Vladímir Putin. Dos años después, en plena revolución del Maidán en Ucrania, el FSB le exigió los datos personales de usuarios que se comunicaban a través de su plataforma. Se negó.
El precio de esa negativa fue perder la compañía. VKontakte terminó en manos de un grupo afín al Kremlin, y Dúrov abandonó Rusia. «Temo que para mí no hay vuelta atrás. Sobre todo tras negarme públicamente a colaborar con las autoridades», declaró entonces.
Telegram, el nuevo frente
Mientras resistía aquellas presiones, Dúrov y su hermano construyeron Telegram en 2013. La aplicación de mensajería cifrada se convirtió rápidamente en otro quebradero de cabeza para la inteligencia rusa: su encriptación la hizo especialmente popular entre opositores al Kremlin y activistas. Cuando en 2018 un tribunal ruso bloqueó el acceso a la app, miles de personas salieron a las calles en Moscú y San Petersburgo con aviones de papel —el logo de la plataforma— gritando «¡Gracias, Pasha Dúrov, abajo la censura!». Algunos manifestantes llegaron a llevar su retrato como si fuera un icono religioso.
Dúrov siempre ha defendido que Telegram es una «plataforma neutral», con las mismas reglas para todos: «Puede usarla la oposición o el partido del poder». Esa posición le ha generado conflictos no solo con Rusia, sino también con Irán, Indonesia, India, Brasil o Alemania, donde la app ha sido bloqueada o sancionada por su uso entre redes criminales y extremistas.
Antecedentes
En agosto de 2024, la justicia francesa lo detuvo en París, acusándolo de complicidad por no actuar contra canales vinculados al tráfico de drogas, la pederastia y el crimen organizado. Estuvo más de un año bajo arresto domiciliario. El caso judicial sigue abierto.
A principios de 2026, Rusia bloqueó definitivamente Telegram y también WhatsApp, alegando incumplimiento de la legislación local. Dúrov respondió con su tono habitual: «Bienvenidos de nuevo a la Resistencia Digital, hermanos y hermanas rusos». Hoy, los usuarios rusos que quieren seguir usando la aplicación recurren a redes VPN para saltarse las restricciones. La plataforma suma ya más de mil millones de usuarios en todo el mundo, y en el frente de la guerra en Ucrania la utilizan ambos bandos. Incluso militares rusos criticaron el bloqueo por razones estrictamente operativas.
Desde Dubái, sin residencia fija y con varios pasaportes en el bolsillo, Dúrov sigue siendo la figura más admirada —y más incómoda— del ecosistema tecnológico ruso.






