La crisis migratoria en Ceuta ha derivado este viernes en un choque diplomático abierto entre España e Italia. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, ha convocado al embajador italiano en Madrid, Giuseppe Buccino Grimaldi, después de que su homólogo italiano, Antonio Tajani, propusiera suspender el espacio Schengen para España como respuesta a la llegada masiva de migrantes a la ciudad autónoma.
Tajani lanzó la propuesta a través de su cuenta en X, donde vinculó directamente la crisis con la regularización extraordinaria de inmigrantes impulsada por el Gobierno español. «Las imágenes que llegan desde Ceuta demuestran cómo la decisión del Gobierno de Madrid de otorgar la ciudadanía española, por tanto europea, a más de 500.000 inmigrantes irregulares es profundamente errónea e incentiva el tráfico de seres humanos», escribió el jefe de la diplomacia italiana.
La afirmación conecta la presión migratoria en la frontera con las políticas de regularización del Ejecutivo de Pedro Sánchez, una lectura que el Gobierno español rechaza de plano pero que circula con fuerza en varios capitales europeas desde que se anunció la medida.
Albares responde: «demagogia partidista» en lugar de solidaridad europea
Albares no tardó en replicar en la misma red social, calificando el mensaje de Tajani de «impropio para un ministro de Exteriores de un país socio y amigo del que esperamos solidaridad europea y no demagogia partidista». El titular español añadió que los hechos del día guardan relación con una sentencia judicial y no con la regularización mencionada por su par italiano.
La respuesta del ministro, aunque formalmente ecuánime, resulta llamativamente débil para la gravedad del episodio: un socio comunitario propone de facto aislar a España dentro del espacio de libre circulación europeo y la reacción del Gobierno se limita a una convocatoria diplomática y un reproche en redes. La crisis en Ceuta, con imágenes de llegadas masivas que han recorrido toda Europa, ofrece un terreno fértil para que gobiernos como el italiano instrumentalicen el debate migratorio con vistas a sus propias agendas internas.
Más allá de la tensión bilateral, el episodio reactiva el debate sobre el futuro del espacio Schengen y la solidaridad migratoria dentro de la Unión Europea. Italia lleva años exigiendo un reparto más equitativo de la presión en las fronteras exteriores del bloque, y la propuesta de Tajani, aunque difícilmente viable en términos jurídicos, refleja una frustración compartida por varios gobiernos del sur y el este europeo frente a lo que perciben como políticas migratorias que generan efecto llamada.






