Israel y Marruecos han dado el paso más significativo en sus relaciones desde la firma de los Acuerdos de Abraham en 2020: acordar el nombramiento de embajadores y elevar sus respectivas misiones diplomáticas a embajadas de pleno derecho. El acuerdo, alcanzado este miércoles en Nueva York, llega con el patrocinio directo de Washington y refuerza la arquitectura diplomática que Estados Unidos construyó en la región durante el último tramo de la primera presidencia de Trump.
Gideon Sa’ar, ministro de Asuntos Exteriores israelí, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, se reunieron en la ciudad estadounidense con Mike Waltz, representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, como anfitrión. La ocasión no era casual: el encuentro sirvió para conmemorar el sexto aniversario de la declaración trilateral del 22 de diciembre de 2020, que ya contemplaba la elevación de las misiones diplomáticas entre ambos países.
Marruecos fue uno de los cuatro países árabes —junto con los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán— que avanzaron hacia la normalización con Israel al amparo de los acuerdos impulsados por Washington. El encuentro en Nueva York también contó con la presencia de funcionarios de los demás firmantes, incluido Kazajistán, sumado más recientemente al proceso.
Economía, vuelos y el Sáhara como fondo estratégico
Más allá del simbolismo diplomático, el acuerdo tiene un componente económico concreto: ambos países se han comprometido a cerrar antes de que finalice 2026 acuerdos de protección de inversiones y facilidades fiscales, además de aumentar los vuelos comerciales entre ambos países y celebrar visitas de alto nivel en los próximos meses. «La amistad entre los pueblos marroquí y judío tiene raíces profundas y una rica historia», afirmó Sa’ar tras la reunión. «Trabajaremos para implementar lo acordado», añadió.
La declaración trilateral incluye también un respaldo explícito de Estados Unidos e Israel a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, calificando la propuesta de autonomía de Rabat como la «única base para una solución justa y duradera» al conflicto territorial. El texto no menciona en ningún momento Ceuta y Melilla, pese a que varios ministros marroquíes han reivindicado recientemente la soberanía sobre las ciudades autónomas españolas. El Gobierno de España, que mantiene una relación especialmente tensa con Marruecos en este frente, brilla por su ausencia en un proceso diplomático que se desarrolla a su alrededor sin que Madrid tenga voz ni voto.
Los tres países destacan también su cooperación en tecnología, seguridad e innovación como uno de los pilares del entendimiento regional. «El establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, pacíficas y amistosas entre Marruecos e Israel redunda en el interés común de ambos países y contribuirá a la paz», concluyen en su declaración conjunta.






