El inicio de una catarata rara vez es brusco. Al principio, el cerebro compensa esta pérdida de calidad visual y los pacientes se adaptan de forma inconsciente: necesitan más luz para leer, cambian la graduación de sus gafas o evitan conducir de noche.
Según señala el Doctor Alfredo Castillo, esta adaptación provoca que la persona no sea consciente de cuánto ha empeorado realmente su visión hasta llegar a fases más avanzadas, cuando el problema ya interfiere claramente en su rutina diaria.
No es solo una cuestión de edad avanzada
Aunque tradicionalmente se asocian a personas mayores, las cataratas no son exclusivas de edades muy avanzadas, y en los últimos años se ha observado un aumento de casos en pacientes más jóvenes.
El envejecimiento es el factor de riesgo principal, pero existen otros desencadenantes que pueden acelerar su aparición:
- Diabetes.
- Miopía elevada.
- Exposición prolongada a la radiación solar.
- Tabaquismo.
- Uso de determinados tratamientos farmacológicos.
Cuando ver bien vuelve a ser una prioridad
La buena noticia es que la catarata cuenta con un tratamiento quirúrgico altamente eficaz. «La cirugía de cataratas es uno de los procedimientos más seguros y con mejores resultados de toda la medicina actual», asegura el especialista.
La intervención consiste en sustituir el cristalino opacificado por una lente intraocular que devuelve la transparencia al ojo. Es un proceso ambulatorio, realizado con anestesia local y de corta duración, que permite al paciente retomar su vida cotidiana en muy poco tiempo.
Más allá de «quitar la catarata»
Hoy en día, la cirugía no se limita a eliminar la opacidad. Gracias a la personalización de las lentes intraoculares, es posible corregir simultáneamente otros defectos refractivos previos, como:
- Miopía.
- Hipermetropía.
- Astigmatismo.
- Presbicia (vista cansada).
Esto permite que muchos pacientes reduzcan, e incluso eliminen, su dependencia de las gafas tras la intervención.
«Los pacientes nos dicen con frecuencia que no eran conscientes de lo mal que veían hasta que recuperan una visión nítida», concluye el Doctor Castillo. Recuperar el contraste, percibir colores más vivos y eliminar los deslumbramientos se traduce, en definitiva, en una mayor autonomía y seguridad para actividades cotidianas como leer, conducir o simplemente pasear.






