Benjamín Netanyahu ha rechazado este domingo el plan de 15 puntos promovido por Donald Trump para avanzar hacia la segunda fase del alto el fuego en Gaza, exigiendo un desarme completo de Hamás como condición innegociable para cualquier retirada del Ejército israelí. La negativa del primer ministro israelí golpea de lleno la credibilidad del presidente estadounidense, que días atrás había anunciado un acuerdo que calificó como «HISTÓRICO».
En un videomensaje difundido por su Oficina al inicio de la reunión de gabinete, Netanyahu fue contundente: «El Ejército de Defensa de Israel no llevará a cabo retirada alguna hasta que se produzca un desarme real de Hamás». El líder israelí precisó además el alcance de esa exigencia: «Cuando digo desarmar a Hamás, me refiero a las armas pesadas, a las armas menos pesadas, a todas las armas. Hablamos de un desarme real, no de un desarme ficticio».
El primer ministro también dejó caer una advertencia implícita hacia Washington al señalar que Israel sabe «defender sus intereses incluso frente a sus mejores amigos cuando es necesario». Y cerró cualquier debate sobre el futuro político del territorio: mientras permanezca en el cargo, no habrá Estado palestino, ni en Gaza ni en Cisjordania.
El acuerdo «histórico» de Trump se estrella contra la realidad
Hace apenas una semana, Trump anunciaba en su red Truth Social lo que definió como un paso «monumental hacia una paz y seguridad duraderas», resultado de semanas de negociaciones en El Cairo entre Hamás, la Junta de Paz estadounidense y los mediadores —Egipto, Qatar y Turquía—. El entusiasmo presidencial choca ahora con la realidad: Israel, el aliado más determinante sobre el terreno, no reconoce como propio ese acuerdo.
No es la primera vez que ocurre algo así. En octubre pasado, Trump ya anunció un plan de 20 puntos que cerró en falso la guerra de Gaza sin consecuencias reales. El patrón se repite: grandes anuncios, escasa sustancia.
La propia ambición del proyecto de reconstrucción ha sufrido una contracción notable. Lo que nació como un plan integral para toda la Franja se ha reducido a un modesto proyecto piloto en el sur de Gaza: un campamento temporal para una fracción mínima de los dos millones de habitantes del territorio, con administración palestina, policía y una pequeña fuerza de seguridad internacional. Ni siquiera ese plan piloto tiene fecha clara de materialización antes de que concluya el año.
El choque entre Netanyahu y Trump deja al descubierto las tensiones estructurales dentro de una alianza que ambos líderes siguen presentando en público como sólida, pero que cada nueva crisis en Gaza pone a prueba de forma más visible.






