Las tensiones diplomáticas entre Washington y Madrid han escalado tras el choque entre Pedro Sánchez y Donald Trump por el uso de bases militares en España en el contexto de la ofensiva contra Irán. En medio de ese pulso político, China ha intervenido públicamente con un mensaje que defiende la posición española y cuestiona el empleo del comercio como herramienta de presión internacional. El episodio refleja un escenario geopolítico más amplio en el que España, Estados Unidos y China miden sus posiciones en plena reconfiguración del equilibrio global.
El Gobierno chino ha expresado su rechazo al uso del comercio como instrumento de presión política, una declaración que llega después de que Donald Trump amenazara con cortar relaciones comerciales con España por la negativa del Ejecutivo de Pedro Sánchez a permitir que Estados Unidos utilizara las bases compartidas de Rota y Morón en operaciones relacionadas con el ataque a Irán.
La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, afirmó durante una rueda de prensa que la ofensiva militar contra Irán supone «una violación del derecho internacional». En ese contexto, añadió que «el comercio no debería ser empleado como herramienta ni arma».
La reacción china introduce un nuevo actor en una disputa diplomática que hasta ahora se centraba en el enfrentamiento entre Washington y Madrid. Pekín mantiene habitualmente una postura cauta en conflictos internacionales, pero su mensaje sugiere un respaldo político indirecto al Gobierno español en este episodio.
Mientras tanto, Donald Trump elevó el tono en sus declaraciones públicas. Durante un encuentro en la Casa Blanca con el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente estadounidense criticó duramente la decisión española y calificó su comportamiento de «terrible». Trump incluso afirmó que había pedido a su secretario del Tesoro estudiar la interrupción de las relaciones comerciales con España.
Acercamiento de Sánchez a China
El choque con Washington se produce además en un momento en el que Pedro Sánchez refuerza su estrategia de acercamiento a China. El presidente del Gobierno prepara una nueva visita oficial a Pekín prevista para abril, que sería la cuarta en tres años, una frecuencia poco habitual en la relación bilateral entre ambos países.
Este movimiento diplomático se interpreta como un intento de España de ampliar su margen de maniobra en un escenario internacional cada vez más polarizado entre las grandes potencias. Sánchez ha defendido en distintas ocasiones que Europa debe reforzar sus vínculos con Asia para diversificar alianzas en un contexto de creciente rivalidad geopolítica.
Durante una visita anterior a China, el presidente español sostuvo que la Unión Europea debía mejorar sus relaciones con el país asiático y actuar como “constructor de puentes” en el sistema internacional. Sin embargo, ese posicionamiento también ha generado fricciones con sectores de la política estadounidense, que ven con recelo una aproximación estratégica de aliados europeos hacia Pekín.
China mantiene cautela ante la escalada regional
A pesar de su respaldo retórico a la postura española, China ha mantenido una actitud prudente ante la escalada militar en Oriente Medio. Pekín ha expresado “seria preocupación” por las operaciones militares contra Irán y ha llamado a las partes implicadas a frenar la escalada.
Mao Ning subrayó que el estrecho de Ormuz constituye una ruta clave para el comercio mundial de energía y mercancías, por lo que su estabilidad resulta esencial para la economía global. China depende parcialmente del petróleo iraní, lo que explica su atención a la evolución del conflicto.
El mensaje chino combina así dos objetivos: evitar una escalada militar que afecte a sus intereses energéticos y, al mismo tiempo, reforzar su narrativa de defensa del multilateralismo frente al uso de presiones económicas en la política internacional.






