El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, recibió este miércoles en Pekín a su homólogo iraní, Abas Araghchi, en el primer encuentro entre ambos desde que estalló la guerra. La reunión dejó un mensaje claro: China exige el cese total de las hostilidades y pide a todas las partes implicadas que garanticen la reapertura del Estrecho de Ormuz. El encuentro se produce en un momento que el propio ministerio de Exteriores chino califica de «crítico» para la transición entre la guerra y la paz.
Araghchi recorre capitales, Pekín sube el tono
La visita de Araghchi a China cierra una ronda diplomática intensa. En los últimos diez días, el canciller iraní también estuvo en San Petersburgo, donde se reunió directamente con el presidente Vladimir Putin. China y Rusia siguen siendo los dos países con mayor influencia sobre Teherán, y ambos han recibido a su ministro de Exteriores en un momento en que se busca una salida al conflicto. Horas antes del encuentro en Pekín, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, había pedido explícitamente a China que ejerciera esa influencia para lograr la reapertura de la vía marítima.
Wang Yi no eludió el asunto, pero tampoco renunció a la posición habitual de Pekín. Defendió la soberanía e integridad territorial de Irán, respaldó el derecho de Teherán a mantener su «programa nuclear civil» y dio por válida su supuesta determinación de no desarrollar armas nucleares. Al mismo tiempo, animó a los países de la región a construir «una arquitectura de seguridad propia», en un mensaje que apunta directamente a reducir la presencia militar estadounidense en Oriente Medio.
Este miércoles también propició una llamada telefónica entre los ministros de Exteriores de Irán y Arabia Saudí, en una muestra de que Pekín sigue apostando por el mismo papel que ya desempeñó hace tres años, cuando apadrinó el restablecimiento de relaciones entre Riad y Teherán.
El contexto real: intereses, sanciones y la cumbre Trump-Xi
Detrás de la diplomacia hay intereses concretos. China depende del petróleo del Golfo Pérsico y es el principal cliente tanto de Irán como de Arabia Saudí. Más del 80% del crudo iraní llega a China, aunque no siempre a través de las grandes petroleras estatales, sino de una red de pequeñas refinerías en la provincia de Shandong, menos expuestas a las sanciones de Washington. Cuando EE.UU. apuntó recientemente a cinco de ellas, Pekín respondió invocando por primera vez, el pasado 2 de mayo, una legislación que establece que las normas extraterritoriales estadounidenses «ni se reconocen, ni se aplican, ni se obedecen en China».
El momento geopolítico añade presión adicional. Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping tienen previsto reunirse en Pekín el 14 y 15 de mayo, aunque la diplomacia china todavía no ha confirmado oficialmente el encuentro. Esa cita anima a Pekín a proyectar una imagen de potencia estabilizadora, capaz de mediar donde otros no llegan. Araghchi, por su parte, ofreció cierto alivio a sus anfitriones: el asunto de la reapertura del estrecho «podría ser resuelto» en un plazo breve, aunque no de forma aislada al resto de negociaciones. Una promesa que, con Trump en la Casa Blanca, nadie en Pekín se toma como garantía.






