La relación entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu atraviesa uno de sus momentos más tensos desde que el republicano regresó a la Casa Blanca. El acuerdo de paz alcanzado entre Washington y Teherán, y la resistencia israelí a aceptarlo, han agudizado las fricciones entre ambos líderes, que este martes afloraron con inusual nitidez en el G7 de Évian-les-Bains, en los Alpes franceses.
Desde ese escenario alpino, Trump pidió al primer ministro israelí que «sea más responsable respecto a la cuestión del Líbano» y fue más lejos al sugerir que la Siria de Ahmed al Shara podría encargarse de combatir a Hizbolá en lugar del Ejército israelí. «No es un boy scout, pero ha hecho un gran trabajo», afirmó sobre Al Shara, antiguo líder del yihadista Frente al Nusra y actual jefe del Ejecutivo sirio tras la caída de Bashar al Assad a finales de 2024. La sugerencia tiene escaso recorrido práctico —el propio Al Shara descartó hace poco intervenir en el Líbano—, pero refleja la creciente frustración estadounidense con la estrategia militar israelí.
Trump no se quedó ahí. En una comparecencia junto al emir de Catar, Tamim Hamad al Thani, recordó sin ambages la dependencia de Israel respecto a Washington: «Sin Estados Unidos, no existiría Israel. Habría sido destruido hace mucho tiempo si yo no me hubiera involucrado». Un mensaje que, dicho en público y en el marco del G7, tiene más peso político que una reprimenda privada.
El acuerdo con Irán y la grieta con Tel Aviv
El trasfondo de esta tensión es el pacto de paz entre EE.UU. e Irán, cuya firma ante las cámaras está prevista para el viernes en el pueblo suizo de Bürgenstock, cerca de Lucerna. El acuerdo pone fin a más de cien días de conflicto en los que la coalición americano-israelí eliminó al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, pero no logró desmantelar el programa nuclear ni balístico de Teherán, ni acabar con la República Islámica. Un resultado que deja a Irán con sabor a victoria y a Israel con la sensación de una operación inacabada.
Netanyahu admitió este martes que «a veces tiene sus discrepancias» con Trump y subrayó que el acuerdo «fue una decisión» del estadounidense. Israel, mientras tanto, mantiene tropas en territorios ocupados del sur del Líbano y no parece dispuesto a acelerar su retirada. El bombardeo israelí del domingo contra la periferia de Beirut —que costó la vida a tres personas en plena recta final negociadora— irritó especialmente a Trump, quien reprochó a su aliado que «no hace falta destruir todo un inmueble cada vez que busca a alguien».
Sin régimen change en Irán
Trump también descartó cualquier cambio de régimen en Teherán, calificando de «razonables» a los actuales dirigentes iraníes, donde los sectores castrenses de los Guardianes de la Revolución han ganado peso en los últimos meses. Una posición que difícilmente encontrará acomodo en las prioridades de Netanyahu, cuyo gobierno ha apostado históricamente por el colapso del sistema clerical iraní como condición para cualquier estabilidad regional duradera.






