Donald Trump e Irán han alcanzado un acuerdo de paz preliminar que pone fin a casi cuatro meses de guerra en Oriente Próximo y abre la puerta a la reapertura del estrecho de Ormuz. El anuncio llegó este domingo desde Pakistán, país mediador, y fue confirmado poco después tanto por Teherán como por el propio presidente estadounidense.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, fue el primero en hacerlo público. «Tras intensas conversaciones, se ha alcanzado un acuerdo de paz entre los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán», escribió en su cuenta de X, añadiendo que ambas partes declaran «el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano». La ceremonia de firma tendrá lugar el viernes 19 de junio en Ginebra.
Trump, que este domingo cumplía 80 años, no tardó en sumarse al anuncio desde su red Truth Social. «El acuerdo con la República Islámica de Irán ya está cerrado», escribió, antes de autorizar «la apertura del estrecho de Ormuz sin peajes» y el «levantamiento inmediato del bloqueo naval» estadounidense. En un mensaje posterior matizó que la reapertura definitiva del estrecho se produciría tras la firma del viernes, una vez que el paso marítimo quede limpio de las minas que Irán había colocado desde el inicio del conflicto.
Una victoria que cada parte vende a su manera
El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, confirmó que «el texto del memorando de entendimiento ya está ultimado», aunque advirtió que la firma no implica que Teherán confíe «en el enemigo» y que, si Washington viola los términos, «tomaremos nuestras propias medidas». Los medios estatales iraníes presentaron el acuerdo como una victoria: según la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, Teherán habría arrancado en el último minuto nuevas concesiones sobre Líbano, garantías de integridad territorial y el levantamiento del bloqueo naval.
Irán se hizo de rogar a lo largo de todo el domingo, en parte por un ataque israelí en Líbano que estuvo a punto de hacer descarrilar las negociaciones y que desató la furia de un Trump que veía escapar la ocasión de anunciar el pacto en su cumpleaños. El vicepresidente J.D. Vance ya ha expresado su intención de viajar a Ginebra para participar en la ceremonia.
El acuerdo provisional fija un alto el fuego de 60 días durante los que ambas partes negociarán un pacto definitivo. En esa segunda fase se abordarán el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones, los mecanismos de verificación y un plan de reconstrucción. También participarán como mediadores Qatar, Turquía y Egipto, además de Pakistán.
El nudo del programa nuclear y las sanciones
Las diferencias sobre los términos concretos son notables según quién los explique. Teherán espera recibir 24.000 millones de dólares congelados en el exterior, la mitad antes de que empiecen las negociaciones sobre el programa nuclear, y reclama un plan de reconstrucción de al menos 300.000 millones. Washington, en cambio, defiende que los fondos se liberarán de forma gradual, condicionados al cumplimiento de los compromisos nucleares por parte de Irán.
El trasfondo histórico pesa sobre todo el proceso. Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear JCPOA en 2018, dinamitando un pacto que el Organismo Internacional de la Energía Atómica certificaba que Irán cumplía. Ahora, el republicano no puede permitirse que el resultado de este nuevo acuerdo sea percibido como igual o inferior al que él mismo desmanteló.
Si el memorando se firma el viernes y las negociaciones avanzan, el conflicto que comenzó el 28 de febrero habrá dejado más de 7.000 muertos, sacudido las alianzas regionales y golpeado la economía global para terminar, como señalan varios analistas, en una posición no muy distinta a la que existía antes de la guerra.






