El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró el lunes que había autorizado una nueva oleada de ataques contra Irán con inicio previsto para este martes, pero que decidió posponerlos después de que tres líderes del Golfo le pidieran más tiempo para negociar un acuerdo nuclear. El anuncio, publicado en Truth Social y ratificado después en rueda de prensa en la Casa Blanca, confirma un patrón que se ha convertido en seña de identidad de su gestión del conflicto: la amenaza seguida de la retirada.
La retórica de presión y sus límites
Desde el inicio de la guerra a finales de febrero, Trump ha lanzado varios ultimátums públicos a Teherán, prometiendo que el conflicto terminaría en seis semanas y anunciando en repetidas ocasiones la reanudación de los bombardeos. En todos los casos, amplió los plazos o se echó atrás. Esta vez no fue diferente. «Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y algunos otros me pidieron si podíamos aplazarlo dos o tres días, un período corto, porque creen que están muy cerca de lograr un acuerdo», declaró el presidente estadounidense. Tras consultarlo con ellos, afirmó haber decidido posponer el ataque «por un tiempo, con suerte quizás para siempre, pero posiblemente solo por un tiempo».
El mandatario insistió en que había instruido a sus altos mandos militares para que se prepararan para un «ataque a gran escala contra Irán» si no se alcanzaba un acuerdo satisfactorio. Sin embargo, la credibilidad de esa amenaza se erosiona cada vez que se retira. Funcionarios militares estadounidenses reconocen que el régimen iraní ha demostrado una resistencia considerable durante los meses de guerra, así como capacidad real para infligir daños económicos globales mediante el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transitaba el 20% del petróleo y el gas natural licuado mundial antes del conflicto.
Negociaciones bloqueadas y tiempo que se agota
Las conversaciones entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear iraní permanecen estancadas. Irán rechaza las condiciones de la Administración Trump para frenar el enriquecimiento de uranio y el lunes presentó una contrapropuesta a través de mediadores paquistaníes. «No nos queda mucho tiempo», señaló una fuente pakistaní a Reuters, advirtiendo además que ambas partes «no dejan de cambiar las reglas de juego».
En respuesta directa al mensaje de Trump, Irán advirtió a Estados Unidos que no cometa un nuevo «error de cálculo» y aseguró que sus Fuerzas Armadas tienen «el dedo en el gatillo» para responder de forma «rápida, firme y poderosa» a cualquier agresión. El domingo, el presidente estadounidense ya había advertido: «Para Irán, el reloj hace tictac».
Trump, que se ha presentado siempre como un negociador eficaz ante todo, parece haber llegado a un punto muerto. Ni la retórica beligerante ni la acción militar directa han conseguido que Teherán abandone sus posiciones. La guerra, que según él debía haber concluido hace semanas, supera ya los dos meses, y el frágil alto el fuego en vigor desde abril no ofrece garantías de estabilidad. El presidente afirma que dará por bueno cualquier acuerdo que impida a la República Islámica obtener un arma nuclear, pero las distancias entre ambas partes siguen siendo amplias.






