Un caza F-16 rumano perteneciente a la misión de Policía Aérea del Báltico de la OTAN derribó este martes un presunto dron ucraniano que había entrado en el espacio aéreo de Estonia tras sufrir interferencias electrónicas atribuidas a Rusia. El ministro de Defensa estonio, Hanno Pevkur, confirmó el incidente y señaló que se produjo en un contexto de «intensa guerra electrónica, incluyendo suplantación y bloqueo de GPS por parte de Rusia».
Las Fuerzas Armadas de Estonia explicaron que el aparato estuvo bajo vigilancia antes de cruzar su espacio aéreo y que la decisión de derribarlo respondió a la necesidad de «minimizar el impacto sobre la población civil y las infraestructuras». El general Riivo Valge, comandante de la Fuerza Aérea estonia, precisó que «con el primer misil se logró impactar inmediatamente al dron», que cayó sobre una zona pantanosa entre el lago Võrtsjärv y Põltsamaa, en el sur del país, sin causar víctimas ni daños significativos.
Los cazas, estacionados en la base lituana de Šiauliai, realizaron una identificación visual del aparato antes de abrir fuego, un requisito obligatorio en tiempo de paz según las normas de la Alianza.
La OTAN celebra el operativo y apunta a Moscú
Desde Bruselas, el general Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, no ocultó su satisfacción: «Si estuviéramos permitiendo que drones atravesaran el espacio aéreo báltico para llegar a Rusia, no los estaríamos derribando». La hipótesis que manejan tanto Pevkur como el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento estonio, Marko Mihkelson, es que el ejército de Ucrania lanzó el dron por el Ejército de Ucrania contra territorio ruso, pero las interferencias en sus sistemas lo desviaron en la dirección equivocada.
El ministro de Asuntos Exteriores estonio, Margus Tsahkna, fue claro en la atribución de responsabilidades: «Estos incidentes son el resultado directo de la guerra y las provocaciones de Rusia». Pevkur mantuvo una conversación telefónica con su homólogo ucraniano, Mijailo Fédorov, quien «pidió disculpas a Estonia por lo ocurrido» y agradeció que los aliados actuaran.
El flanco báltico, en alerta permanente
No es un caso aislado. Desde marzo, varios drones militares ucranianos se han desviado hacia el espacio aéreo de Finlandia, Letonia, Lituania y Estonia. Este mismo martes, Letonia emitió una nueva alerta aérea tras detectar otro aparato no tripulado en su espacio, pidiendo a los ciudadanos cercanos a la frontera con Rusia que permanecieran a cubierto hasta la llegada de los cazas aliados.
La situación tiene ya consecuencias políticas directas: la primera ministra letona, Evika Siliņa, dimitió la semana pasada en un escándalo directamente vinculado a incursiones previas de drones ucranianos. Pevkur advirtió, además, del riesgo de que Rusia explote estos episodios con fines propagandísticos para debilitar a los gobiernos locales, tal y como ocurrió en el caso letón. Estonia, mientras tanto, anunció que reforzará su cooperación con Ucrania en capacidades de defensa aérea y antidrones.






