El Partido Laborista británico atraviesa su mayor crisis interna desde que Keir Starmer alcanzó Downing Street. Más de medio centenar de diputados laboristas han pedido públicamente la dimisión de Starmer o le reclaman que fije una fecha concreta para abandonar el liderazgo, una contestación abierta que habría resultado impensable hace apenas dos años, cuando el primer ministro logró una mayoría parlamentaria histórica.
La mecha la encendió el desastre en las elecciones locales y el crecimiento imparable de Reform UK, el partido de Nigel Farage, que está captando parte del electorado tradicional laborista en bastiones del norte de Inglaterra. La crisis aceleró cuando Catherine West, parlamentaria laborista, anunció que estaba dispuesta a impulsar un desafío interno si ningún miembro relevante del Gobierno daba un paso adelante. Aunque retiró la amenaza tras el discurso del primer ministro, mantiene su exigencia de que Starmer anuncie un calendario de salida antes de septiembre. En el mismo sentido se pronunció Catherine McKinnell, exresponsable de Educación, quien pidió una «transición rápida y ordenada».
Burnham sin escaño, Rayner bajo investigación
El nombre que concentra más apoyos como sucesor es el de Andy Burnham, alcalde del Gran Mánchester. Su trayectoria como exministro de Sanidad y su buena valoración pública lo convierten en el candidato más codiciado por quienes creen que el partido necesita reconectar con su base electoral tradicional. El problema es que Burnham no tiene escaño en Westminster: la dirección bloqueó a principios de año su intento de presentarse a una elección parcial. Angela Rayner reconoció públicamente que esa decisión fue «un error que el liderazgo debería corregir», y el alcalde de Londres, Sadiq Khan, sostuvo que Burnham debería regresar a la Cámara de los Comunes «más pronto que tarde».
La propia Rayner, exviceprimera ministra, figura como otra posible aspirante, aunque su margen de maniobra está condicionado por la investigación fiscal abierta sobre sus asuntos tributarios. Sus aliados la presentan como una figura de consenso entre sindicatos y la izquierda moderada, especialmente si Burnham no logra volver a Westminster a tiempo.
Streeting y Miliband, en la sala de espera
Wes Streeting, actual ministro de Sanidad y figura próxima al ala blairista del partido, lleva meses preparando discretamente el terreno según fuentes citadas por la prensa británica, aunque sus aliados niegan que esté impulsando un desafío inmediato. Más sorpresiva ha resultado la reaparición de Ed Miliband, ministro de Energía y ex líder laborista derrotado por David Cameron en 2015. Según varios medios, Miliband habría pedido en privado a Starmer que anuncie un calendario de salida. Muchos parlamentarios dudan de su capacidad para liderar al partido en unas elecciones generales, pero otros lo ven como una figura de transición aceptable para las distintas facciones internas.
El laborismo enfrenta así una encrucijada poco habitual: un líder en ejercicio con mayoría parlamentaria pero bajo presión interna creciente para que abra el camino a su sucesor antes de que la sangría electoral se vuelva irreversible.






