El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) ha denunciado públicamente que Rusia ha llevado a cabo el reclutamiento de más de 28.000 extranjeros procedentes de 135 países para emplearlos como tropas de asalto en la guerra de Ucrania, y ha confirmado que más de 3.500 de esos combatientes han muerto en el frente. Muchos de ellos, según la institución, fueron captados mediante engaños o bajo coacción directa.
La denuncia llega a través de una publicación en redes sociales del organismo que lidera la Alta Representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, y se apoya en datos difundidos previamente por la Delegación de la UE en Sudáfrica, que a su vez citaba al diario sudafricano Daily Maverick. «Los reclutas extranjeros pueden ganar tiempo, pero no la victoria», subrayó el SEAE en su mensaje.
El contexto numérico que maneja Bruselas resulta revelador: Rusia habría acumulado más de 1,4 millones de bajas desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. Esa sangría de efectivos explicaría, según la UE, la necesidad de recurrir a redes de captación que operan en países de África, América Latina y otras regiones del mundo.
De Kenya a Bolivia: una red de captación global
Entre los países de origen de los reclutas figuran naciones africanas como Kenia, Uganda o Zimbabue, y latinoamericanas como Colombia o, más recientemente, Bolivia. En muchos de estos casos, los hombres captados desconocían que el destino a un conflicto armado activo, o atraídos con falsas promesas de empleo o formación.
La diplomacia comunitaria ha aprovechado la publicación de la Delegación en Pretoria para visibilizar especialmente el caso africano: «Muchos de ellos resultaban jóvenes africanos arrastrados al campo de batalla», reza el mensaje, que concluye con una exigencia directa a Moscú: «Rusia debe poner fin a su guerra de agresión».
El fenómeno, sin embargo, no es exclusivo del bando ruso. En noviembre de 2025, Duduzile Zuma-Sambudla, hija del expresidente sudafricano Jacob Zuma, dimitió como diputada tras recibir acusaciones de reclutar y traficar a 17 hombres sudafricanos para que combatieran en grupos mercenarios integrados en las fuerzas ucranianas. Un episodio que muestra que la instrumentalización de ciudadanos extranjeros en este conflicto no respeta ninguno de los dos frentes.






