La consolidación del poder de Xi Jinping sobre la Comisión Militar Central (CMC) ha entrado en una nueva fase tras la desaparición y posterior purga del general Zhang Youxia, hasta ahora vicepresidente primero del máximo órgano que dirige al Ejército Popular de Liberación. La salida de escena del militar más influyente y cercano al líder chino refuerza el control personal de Xi sobre las fuerzas armadas, pero al mismo tiempo expone tensiones internas que afectan a la estabilidad del mando y a la preparación estratégica de China, con Taiwán como telón de fondo permanente.
Zhang Youxia no era un general más. Veterano de combate en la guerra con Vietnam de 1979 y miembro de la élite revolucionaria hereditaria del Partido Comunista, había acumulado una autoridad poco común en un sistema donde la lealtad política pesa más que la experiencia militar. Su desaparición deja a la Comisión Militar Central prácticamente sin contrapesos internos, con Xi Jinping como figura dominante en un organismo que formalmente contaba con seis generales y que ahora aparece descabezado.
“Grave traición política”.
Las versiones oficiales apuntan a una “grave traición política”, una formulación que sitúa el conflicto en el terreno de la lealtad al líder antes que en el de la corrupción económica. Filtraciones recogidas por medios internacionales añadieron una acusación aún más sensible: la supuesta transmisión de información sobre capacidades nucleares chinas a Estados Unidos. Más allá de su veracidad, esta narrativa cumple una función interna clara: justificar una purga de alcance excepcional y cerrar filas en torno a Xi Jinping.
Diversos analistas coinciden en que el núcleo del conflicto reside en desacuerdos estratégicos. Zhang habría cuestionado el calendario impuesto por Xi para que el Ejército esté en condiciones de una operación sobre Taiwán en 2027, priorizando una formación más gradual y menos orientada a la confrontación inmediata. Esa divergencia, inicialmente técnica, se convirtió con el tiempo en un desafío político directo a la autoridad del líder chino.
Taiwán y la «zona gris»
El resultado inmediato es un Ejército más disciplinado en apariencia, pero también más cauteloso. A corto plazo, Pekín podría evitar movimientos bruscos en el estrecho de Taiwán y optar por acciones de presión en la llamada “zona gris”. A largo plazo, la marginación de mandos con experiencia real refuerza un patrón ya visible: la primacía absoluta de la fidelidad personal sobre la autonomía profesional.
Para Taiwán y sus aliados, la paradoja es evidente. Un Ejército alineado sin fisuras con Xi Jinping puede proyectar unidad política, pero esa misma homogeneidad incrementa el riesgo de errores de cálculo en escenarios de alta tensión. La purga en la Comisión Militar Central no solo redefine el equilibrio interno del poder en China, sino que añade un nuevo factor de incertidumbre a la ecuación estratégica del Indo-Pacífico.






