Unión Europea

Tusk alerta del “desastre político” si Trump fuerza Groenlandia y pone a prueba a la OTAN

Ejercicios liderados por Dinamarca llevan a Francia, Alemania, Suecia, Noruega y Reino Unido a Nuuk, mientras Trump insiste en que EE.UU. “necesita” Groenlandia

El primer ministro polaco, Donald Tusk. Foto: ©Kancelaria Premiera/ Flickr.

Varios países europeos iniciaron en Nuuk, capital de Groenlandia, un despliegue militar limitado para misiones de reconocimiento y ejercicios conjuntos en el Ártico, en un momento en que Donald Trump mantiene su presión política para que Estados Unidos controle la isla. El movimiento, liderado por Dinamarca y enmarcado en la llamada Operación de Resistencia Ártica, busca reforzar la coordinación aliada y enviar una señal de presencia en una zona que gana peso estratégico por rutas marítimas, vigilancia y proyección militar.

Francia confirmó la llegada de un primer contingente de 15 efectivos a Nuuk. El envío se completará con personal de Alemania, Suecia, Noruega y Reino Unido, según fuentes oficiales citadas en el contexto del despliegue. El enviado especial francés Olivier Poivre d’Arvor subrayó el carácter político del gesto y lo describió como un paso sin precedentes entre aliados europeos de Dinamarca dentro de la OTAN, con el objetivo de demostrar que la Alianza “está presente” en el territorio.

Contactos diplomáticos

La iniciativa coincide con una ronda de contactos diplomáticos en Washington. Los ministros de Exteriores de Dinamarca y de Groenlandia, Lars Løkke Rasmussen y Vivian Motzfeldt, viajaron a Estados Unidos y se reunieron con el vicepresidente JD Vance; después, Rasmussen describió las conversaciones como constructivas, pero reconoció un “desacuerdo fundamental” con la posición de la Casa Blanca. Además, el ministro danés criticó la insistencia de Trump en adquirir Groenlandia.

Trump volvió a defender públicamente su postura y vinculó el control de la isla con la seguridad nacional estadounidense. También dejó abierta la puerta a la coerción, aunque más tarde sugirió que podría alcanzarse un entendimiento con Dinamarca. En paralelo, recordó el precedente de Venezuela para sostener que Washington sí dispone de capacidades de acción que, en su visión, Copenhague no tendría ante una hipotética presión de Rusia o China.

En el plano operativo, el despliegue europeo se limita a decenas de militares y mantiene un carácter temporal, aunque Dinamarca ya prepara un aumento gradual de su presencia en el territorio. Alemania, por ejemplo, prevé enviar un A400M con 13 soldados, con una estancia anunciada hasta el sábado. Suecia confirmó el envío de oficiales a Nuuk, y también se esperan efectivos noruegos y británicos. Downing Street afirmó que Reino Unido comparte la preocupación de Trump por “la seguridad del extremo norte” y presentó los ejercicios como una medida para disuadir la actividad rusa y china.

Base militar estadounidense

Dinamarca parte de una realidad clave: Estados Unidos ya opera una base en Groenlandia con alrededor de 150 efectivos, y puede ampliar personal bajo acuerdos vigentes con Copenhague. Por eso, la lectura política del despliegue europeo apunta menos a crear capacidad nueva inmediata y más a marcar interés aliado en la seguridad del Ártico y del Atlántico Norte, además de proteger la cohesión interna de la OTAN.

El primer ministro polaco Donald Tusk advirtió que una intervención militar estadounidense en Groenlandia supondría un “desastre político” y describió un escenario de anexión entre aliados como una amenaza directa al marco de seguridad europeo. Desde Rusia, su embajada en Bélgica expresó “seria preocupación” y acusó a la OTAN de ampliar su huella militar en el Ártico con argumentos que Moscú considera instrumentales.

En Nuuk, las autoridades groenlandesas endurecieron su mensaje político. El primer ministro Jens-Frederik Nielsen calificó la situación como crisis geopolítica y sostuvo que, si la población tuviera que elegir, optaría por Dinamarca frente a Estados Unidos. En la calle, manifestantes también rechazaron la idea de una integración bajo control estadounidense, lo que añade presión interna para que Copenhague combine disuasión, diplomacia y coordinación aliada sin abrir una escalada.

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