El memorando de entendimiento firmado entre Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkián representa el mayor alivio económico para Teherán en décadas: levantamiento de sanciones internacionales, liberación de unos 100.000 millones de dólares en fondos retenidos y un plan de reconstrucción dotado con al menos 300.000 millones más. Ambos líderes rubricaron el documento electrónicamente este miércoles en un acto virtual, y lo ratificarán formalmente el viernes en Suiza.
Trump firmó desde el Palacio de Versalles, donde su homólogo francés Emmanuel Macron le ofreció una cena de gala. «Lo acabo de firmar», confirmó el propio mandatario al salir de la antigua residencia real. Desde Teherán, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, ratificó que «ambas partes lo han firmado» y que el texto «ha sido oficialmente finalizado».
La firma principal llegó después de que el domingo el vicepresidente J.D. Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, encabezaran una primera rúbrica como jefes de las delegaciones negociadoras. El viernes en el complejo suizo de Bürgenstock, con la mediación de Pakistán y Qatar, ambas partes completarán el proceso.
Un salvavidas para un régimen en horas bajas
Antes del estallido de la guerra el pasado 28 de febrero, el régimen iraní atravesaba una crisis económica severa, con protestas masivas por la situación financiera del país y una asfixia creciente derivada de las sanciones. El memorando cambia ese escenario de forma radical. El texto compromete a Washington a levantar todas las sanciones sobre Irán —incluidas las del Consejo de Seguridad de la ONU y las unilaterales estadounidenses, primarias y secundarias— conforme a un calendario que se fijará en la siguiente fase negociadora. Además, Teherán recupera el acceso a su petróleo en los mercados internacionales de forma inmediata, algo vetado hasta ahora.
Un alto cargo del Gobierno de Trump, que habló bajo anonimato, defendió el acuerdo ante las críticas que lo presentan como una victoria iraní. Subrayó que el documento obliga a Irán a diluir su uranio altamente enriquecido —aproximadamente 440 kilos con un 60% de pureza— bajo supervisión del OIEA, y que cualquiera de las partes puede denunciarlo si detecta incumplimientos. El propio Trump advirtió que si en 60 días no se aplican los términos, «volveremos a bombardear».
Sin embargo, las dos grandes exigencias de Washington —la apertura del Estrecho de Ormuz y el compromiso de no desarrollar armas nucleares— ya existían antes de la guerra. Irán nunca había bloqueado formalmente Ormuz y siempre había negado buscar el arma atómica. A cambio de ratificar esa realidad preexistente, Teherán obtiene concesiones económicas de enorme calado.
Ormuz, misiles y Líbano: los flecos que pueden dinamitar el acuerdo
Sobre el Estrecho de Ormuz, el memorando fija 30 días para desminarlo y garantizar el paso libre de barcos mercantes durante 60 días sin peajes. Pasado ese plazo, la futura «administración» del estrecho se negociará con Omán y los países del Golfo. Baghaei ya ha dejado claro que Teherán cobrará tarifas por los servicios prestados a los buques. El alto cargo estadounidense lo negó, aunque reconoció que la fórmula final dependerá de lo que acepten los vecinos del Golfo.
El texto también incluye el cese de hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, donde Israel mantiene su invasión del sur del país y ha mostrado escasa disposición a detenerla. Baghaei advirtió este miércoles que cualquier ataque israelí en Líbano constituirá una violación del acuerdo.
Lo que no aparece en el documento resulta igualmente revelador: no hay ninguna mención al programa de misiles iraní, que antes de la guerra Washington pretendía incluir en las negociaciones, ni a un eventual cambio de régimen, objetivo declarado por Trump al anunciar la ofensiva. El régimen teocrático de Teherán, radicalizado por el conflicto, sale del acuerdo con sus capacidades militares intactas y sus arcas saneadas.






