Pedro Sánchez ha dado este jueves un giro notable a su discurso. Por primera vez desde que llegó a La Moncloa, el presidente del Gobierno ha admitido que las elecciones anticipadas son una posibilidad real si el Ejecutivo no logra sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Lo ha hecho desde Bruselas, al margen de la cumbre del Consejo Europeo, con una fórmula deliberadamente ambigua: «Negociaremos con ellos, y si se tienen que tomar decisiones, pues las tomaremos efectivamente cuando se produzcan esas hipótesis».
Hasta ahora, Sánchez había defendido sin fisuras agotar la legislatura hasta julio de 2027 y había descartado repetidamente un superdomingo electoral que coincidiese con las autonómicas y municipales de mayo de 2026. La novedad no es que haya fijado una fecha, sino que ya no cierra esa puerta con llave.
La presión desde el PNV y desde la bancada del PP
El cambio de tono del presidente llega el mismo día en que su entorno parlamentario le envía señales de alarma. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, fue directa en la sesión de control al Gobierno: si Sánchez no presenta los Presupuestos, que «disuelva la Cámara y convoque elecciones». Vaquero también calificó de «extravagante» hablar de cuentas públicas en medio de la acumulación de casos de corrupción que afectan al PSOE y al Ejecutivo.
Desde el otro extremo del arco parlamentario, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, aprovechó su propia presencia en Bruselas para subir la temperatura. «Se me cae la cara de vergüenza explicando que mi país es hoy el país de la Unión Europea con más casos de corrupción», afirmó ante los medios desde la sede del Partido Popular Europeo. Feijóo añadió que sus interlocutores europeos le preguntan directamente por la situación española y reivindicó a su partido como «la única alternativa» frente a Sánchez, exigiendo una convocatoria «urgente» de elecciones.
Sánchez defiende la gestión y apela a la responsabilidad parlamentaria
Ante este escenario, el presidente optó por desplegar su argumento habitual: el Gobierno funciona, las cifras macroeconómicas son «potentes y sólidas» y los grupos parlamentarios deben actuar con responsabilidad. «Los Presupuestos los vamos a presentar y vamos a sudar la camiseta para sacarlos adelante», afirmó, en un intento de proyectar determinación que, sin embargo, no disipó las dudas sobre la viabilidad real de unas cuentas que llevan años sin aprobarse.
La secuencia del jueves, con Sánchez y Feijóo coincidiendo en la capital belga y lanzándose mensajes cruzados ante corresponsales europeos, ilustra el nivel de desgaste político interno que España exhibe ahora en los foros internacionales. El debate sobre los Presupuestos ha dejado de ser una cuestión técnica para convertirse en el termómetro más visible de la supervivencia del Ejecutivo.






