Honduras

Trump impulsa a Nasry Asfura y redefine la contienda electoral en Honduras

La intervención de Donald Trump en la campaña hondureña altera el equilibrio político y refuerza la posición de Nasry Asfura, mientras el partido Libre sufre un retroceso que redefine el mapa electoral en un país históricamente influido por Washington

Nasry Asfura, durante la campaña electoral en Honduras. Foto: ©Nasry Tito Asfura/ Facebook.

El escenario político hondureño entra en una fase decisiva tras unos comicios marcados por la irrupción directa de Donald Trump en la recta final de la campaña. El respaldo público del expresidente estadounidense a Nasry Asfura reconfiguró una contienda que, según la mayoría de encuestas, situaba al candidato conservador en un lejano tercer lugar. Sin embargo, el recuento preliminar del Consejo Nacional Electoral refleja un empate técnico entre Asfura y Salvador Nasralla, mientras el partido Libre, liderado orgánicamente por el expresidente Manuel Zelaya, experimenta un retroceso significativo.

Asfura, exalcalde de Tegucigalpa, obtuvo una ventaja mínima en el avance del escrutinio, apoyado por un mensaje de Trump que destacó su capacidad para “combatir a los narcocomunistas”. Dos días después, el político estadounidense anunció su intención de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado por narcotráfico en Estados Unidos. Este gesto reforzó la narrativa de Asfura, quien buscó presentarse como la figura capaz de reconectar Honduras con Washington en un momento en el que la geopolítica centroamericana vuelve a estar en el radar estadounidense.

El legado de Xiomara Castro

El desplazamiento electoral del partido Libre, representado por Rixi Moncada, evidencia una pérdida de impulso para el proyecto político impulsado por Xiomara Castro. Su promesa de reformar las estructuras del Estado y combatir la corrupción no convenció a una parte del electorado, que lamentó la falta de avances en la creación de la CICIH, uno de los compromisos centrales del Gobierno. La frustración por casos de corrupción que tocaron de cerca al entorno presidencial también influyó en el deterioro de su apoyo.

Honduras mantiene una tradición de conservadurismo político que se ve interrumpida solo en momentos muy acotados por proyectos reformistas. El legado del golpe que derrocó a Zelaya en 2009 continúa marcando el debate público y condiciona las percepciones sobre cualquier intento de transformación profunda.

Los resultados preliminares muestran un país que oscila entre la incertidumbre electoral y la influencia externa. La intervención de Trump no solo agitó el cierre de campaña, sino que reactivó el peso histórico de Estados Unidos en la política hondureña, un elemento que vuelve a proyectarse hacia el futuro. La estrecha diferencia entre Asfura y Nasralla mantiene en vilo a un electorado dividido, que aguarda un desenlace que podría redefinir la relación del país con Washington y el rumbo político de los próximos años.

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