Los negociadores de Estados Unidos e Irán han alcanzado un memorando de entendimiento de 60 días para poner fin a la guerra, según informó el portal Axios, bien conectado con la Casa Blanca e Israel. El texto del acuerdo espera ahora la aprobación definitiva de Donald Trump y del líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, en medio de una jornada marcada por nuevos enfrentamientos en el Estrecho de Ormuz.
Por segunda vez en tres días, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo lo que un funcionario calificó como «ataques de autodefensa» en el sur de Irán. Washington derribó cuatro drones iraníes lanzados contra embarcaciones en el Estrecho y bombardeó posteriormente una estación terrestre de control de drones en Bandar Abbas. Teherán respondió con un ataque contra una base estadounidense en Kuwait, que Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí condenaron como «una violación flagrante» de la soberanía kuwaití.
El lenguaje, en situaciones tan delicadas, revela intenciones. Ni la Guardia Revolucionaria ni las autoridades iraníes hablaron de ruptura del alto el fuego ni de abandono de la tregua. Washington tampoco abandonó la retórica de la «autodefensa». Ambas partes parecen gestionar una escalada controlada mientras las negociaciones siguen abiertas.
Noventa días de bloqueo y una nueva autoridad iraní en el punto de mira
Ormuz cumplió 90 días de bloqueo iraní. La Armada de la Guardia Revolucionaria afirmó que 26 buques cruzaron el Estrecho en las últimas 24 horas bajo su supervisión y dejó claro que «el paso por otras rutas será considerado una alteración del orden y será respondido en consecuencia». Trump rechaza de plano ese control, y el Departamento del Tesoro incluyó en su lista negra de sanciones a la recién creada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán, calificándola de «un intento de extorsión».
Según Axios, entre los puntos del memorando figurarían la retirada de tropas estadounidenses del Golfo y el control conjunto de Ormuz por parte de Irán y Omán. Jamenei, cuyo paradero sigue siendo desconocido desde su nombramiento, se comunicó con el exterior a través de un mensaje de texto en el que advirtió que Estados Unidos busca «sembrar división interna» y llamó a la unidad nacional.
Israel aprieta en el Líbano mientras el acuerdo toma forma
Tel Aviv observa con creciente malestar una negociación que podría limitar su libertad de acción en el frente libanés. El ejército israelí, en coordinación con Washington, atacó los barrios del sur de Beirut para asesinar a Ali Al Husseini, jefe de la unidad de misiles de Hizbolá. Fue el primer ataque sobre la capital desde el 6 de mayo, una línea roja que el propio Washington había impuesto como parte del acuerdo de alto el fuego vigente.
En el sur del Líbano, donde no rigen esas restricciones, Israel bombardeó de nuevo Tiro y Nabatieh, las dos ciudades que el miércoles ordenó evacuar. En Gaza, Benjamin Netanyahu afirmó controlar «completamente el 60 por ciento del territorio» y apuntó al 70, adaptando cada día el alto el fuego a sus propias necesidades militares. La arquitectura diplomática que se negocia en el Golfo convive, así, con una realidad sobre el terreno que no espera.






