Donald Trump ordenó el domingo nuevos ataques contra Irán tras la muerte de cuatro militares estadounidenses durante el fin de semana, elevando a 17 el total de bajas desde que estalló el conflicto el 28 de febrero. La guerra entra así en una fase de mayor intensidad, con el Estrecho de Ormuz como epicentro de fondo y la desescalada cada vez más difícil de alcanzar.
EE.UU. completó su novena noche consecutiva de bombardeos, alcanzando las ciudades de Bushehr, Chabahar, Bandar Mahshahr y Bandar Imam Jomeini. Irán respondió atacando por segundo día el aeropuerto internacional de Aqaba, en el sur de Jordania, así como bases militares en Baréin y Kuwait, y dos petroleros en Ormuz, la vía marítima por la que antes de la guerra transitaba el 20% del petróleo mundial.
Trump, que siguió la final de la Copa del Mundo desde Nueva York, aseguró al regresar a Washington que seguirán atacando «con fuerza» y «en honor» al último soldado caído. La escalada deja en papel mojado el memorando de entendimiento firmado el mes pasado, en el que ambas partes se comprometían a cesar hostilidades y levantar bloqueos navales durante 60 días.
Un conflicto que desborda lo militar
El Comando Central de EE.UU. (Centcom) justificó los últimos ataques por la necesidad de «menoscabar las capacidades militares iraníes utilizadas para atacar barcos que transitan por Ormuz», pero los objetivos alcanzados revelan una estrategia más amplia: puentes, puertos, vías ferroviarias y redes de comunicaciones forman ya parte del mapa de bombardeos. La campaña apunta a elevar el coste para Teherán hasta forzar un cambio de posición sobre el estrecho.
Irán bloqueó de forma efectiva el paso con una serie de ataques a buques que convirtieron la ruta en insegura. Washington empezó esta guerra buscando un cambio de régimen y el abandono del programa nuclear iraní, pero sus objetivos han derivado hacia la reapertura de Ormuz como prioridad inmediata.
Las dos partes mantienen abiertos sus canales diplomáticos, aunque las distancias de fondo siguen siendo enormes. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó el domingo que EE.UU. mantiene una «puerta abierta a la diplomacia», pero exigió propuestas «realistas» por parte de Teherán: «Su comportamiento debe cambiar para que el nuestro también lo haga».
Mediadores en escena, F-35 en camino
El ministro de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, confirmó este lunes que varios países mediadores han trasladado propuestas para reducir la tensión. Según Reuters, el plan contempla una nueva tregua de diez días que abra la puerta a renegociar un alto el fuego estable, siguiendo el modelo del memorando que acaba de romperse.
Mientras tanto, EE.UU. anunció el despliegue de nuevos aviones de guerra en Oriente Medio, con cazas F-16 y F-35 procedentes de bases en Alemania y Reino Unido que se sumarán previsiblemente a la presencia ya consolidada en Israel. La combinación de presión militar, bloqueo naval y asfixia económica dibuja una estrategia de máxima presión que Washington mantiene activa incluso mientras negocia.






