Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos para alcanzar un acuerdo de paz han topado con un nuevo muro. Mojtaba Jamenei, líder supremo de la República Islámica, ha aprobado una directiva que prohíbe la exportación del uranio enriquecido iraní, según informa Reuters citando a dos fuentes persas de alto rango. La decisión complica de forma severa las negociaciones con Washington, que exige precisamente la entrega de ese material como condición innegociable para cualquier acuerdo.
La Administración Trump ha trasladado a Teherán la exigencia de entregar más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60%, un nivel de pureza muy por encima del que justifica cualquier uso civil y cercano al umbral necesario para desarrollar un arma nuclear. Rusia se ha ofrecido a gestionar el material en su territorio, pero Irán rechaza esa vía.
«La directiva del líder supremo, y el consenso dentro del Gobierno, es que las reservas de uranio enriquecido no deben salir del país», señalan las fuentes iraníes. Teherán teme que enviar el material al extranjero deje al país más expuesto a futuros ataques por parte de Washington o Tel Aviv.
Pese a ello, las autoridades iraníes sí estarían dispuestas a explorar alternativas, como «diluir» las reservas bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El organismo estimaba que Irán contaba con unos 440 kilos de uranio al 60% antes de los bombardeos sobre sus instalaciones nucleares en junio del año pasado. La cantidad que sobrevivió a las bombas antibúnker en los complejos de Isfahán y Natanz sigue siendo una incógnita.
Intercambio de propuestas sin avances reales
En su última lista de condiciones, enviada hace pocos días, Washington requirió a Irán la entrega del uranio, la reducción de su programa nuclear a una sola instalación activa y la renuncia a compensaciones por daños de guerra. Teherán ha respondido con una contrapropuesta que recupera exigencias ya rechazadas por Trump: control del Estrecho de Ormuz, compensaciones económicas, levantamiento de sanciones, liberación de activos congelados y retirada de tropas estadounidenses de la región.
«Hemos recibido la postura de Estados Unidos y la estamos analizando», declaró Esmaeil Baghaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní. Mientras tanto, Pakistán, que acogió las conversaciones el mes pasado, mantiene sus esfuerzos de mediación: su ministro del Interior visitó Teherán este miércoles y el jefe del Ejército ha emprendido un nuevo viaje a la capital iraní.
Trump ha dejado entrever que está dispuesto a esperar unos días para «recibir las respuestas correctas», pero ha repetido su amenaza de reanudar los bombardeos si los contactos no progresan. El principal negociador iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento, denunció el miércoles que «los movimientos obvios y ocultos del enemigo» apuntan a que Washington se prepara para volver a atacar.
Seis semanas después de la entrada en vigor de un frágil alto el fuego, las conversaciones muestran escasos avances. La disparada de los precios del petróleo sigue generando inquietud por la inflación y sus efectos sobre la economía global, añadiendo presión externa a unas negociaciones que, por ahora, no encuentran salida.






