Un bombardeo israelí sobre el sur de Beirut ha vuelto a poner en suspenso el acuerdo nuclear entre Washington y Teherán en el momento en que parecía más cerca de hacerse realidad. Donald Trump, que llevaba todo el fin de semana anunciando una firma inminente, no ha ocultado su malestar: el ataque ordenado por Benjamin Netanyahu, aseguró, «no debería haber ocurrido».
Al menos tres personas murieron y una quincena resultaron heridas tras el impacto de un misil en un edificio de apartamentos en el barrio de Dahye. La respuesta de Trump llegó en su red social Truth: «Israel tiene derecho a defenderse, pero el ataque al que respondía fue de poca importancia y sin trascendencia; nadie resultó herido ni muerto, y no debería interrumpir este importante proceso».
El presidente estadounidense fue más allá y reclamó un alto total de las hostilidades: «No debería haber más ataques de Israel en ningún lugar del Líbano, pero tampoco de ningún otro grupo, incluyendo Hezbolá, contra Israel. Este podría ser el comienzo de una paz larga y hermosa». En declaraciones al medio digital Axios, afirmó que el bombardeo había retrasado la firma «unas pocas horas» y apuntó directamente a Netanyahu como responsable del tropiezo.
Teherán amenaza con abandonar la mesa
Del lado iraní, la reacción fue inmediata y severa. El jefe negociador de Irán y presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalifab, advirtió con romper las conversaciones tras el ataque. La Guardia Revolucionaria iraní fue aún más lejos y criticó la «inusual insistencia» de Trump en cerrar el acuerdo ese mismo domingo, calificándola de «una prueba para el equipo negociador». El cuerpo militar llegó a sugerir en Telegram que el presidente estadounidense quería que la firma coincidiera con su 80 cumpleaños, el 14 de junio.
Pese a las turbulencias, los detalles del borrador siguen filtrándose. Según un alto funcionario iraní citado por Reuters, el texto contempla que Teherán congele su programa de enriquecimiento de uranio y renuncie a desarrollar armas nucleares, a cambio de que Washington suspenda temporalmente las sanciones petroleras, libere 25.000 millones de dólares de activos congelados iraníes y garantice la reapertura del Estrecho de Ormuz.
Catar viaja a Teherán y los expertos piden cautela
La mediación diplomática no se detiene. Una delegación catarí viajó este domingo a la capital iraní para «impulsar las conversaciones entre Teherán y Washington», según la agencia ISNA. Catar y Pakistán actúan como principales puentes entre las dos potencias, aunque la fecha de una firma definitiva sigue sin concretarse.
Los analistas recomiendan prudencia. Ignacio Gutiérrez, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, advierte de que «las dos partes juegan al desconcierto»: «Irán va a desmantelar su programa nuclear, pero no se sabe ni cuándo ni cómo. Estados Unidos va a descongelar los fondos, pero tampoco sabemos cuándo ni cómo». El experto subrayó que los antecedentes obligan al escepticismo: cada parte interpreta los acuerdos de forma diferente, y esa ambigüedad es precisamente lo que convierte cada avance en un nuevo punto de fricción.
Israel, mientras tanto, mantiene su presión sobre el sur del Líbano y no muestra intención de frenar sus operaciones, lo que convierte al flanco libanés en la principal amenaza para un proceso que, según todos los actores implicados, está más cerca que nunca de cerrarse, aunque nadie sabe exactamente cuándo






