El gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga escribió anoche una nueva página de la historia del fútbol español. España conquistó su segundo Mundial, esta vez ante la Argentina campeona defensora de Lionel Messi, a quien la Roja despidió de las grandes citas internacionales con una exhibición de juego que dejó a los albicelestes sin un solo disparo a puerta hasta después del gol definitivo, en el minuto 117. Nunca antes un equipo había llegado tan lejos en una final sin intentarlo.
Porro lanzó el balón al área, Nico Williams lo dejó pasar con la coronilla y Ferran Torres reventó la red para desencadenar el segundo gran estallido colectivo del fútbol español. El primero llegó en Sudáfrica, en 2010. Este, en tiempos convulsos y con un país que rara vez encuentra motivos comunes, tuvo algo de excepcional también fuera del campo.
Argentina reducida a la nada
El plan de Lionel Scaloni era conocido: aguantar, desgastar y esperar a que Messi encontrara el momento. Pero el juego de Luis de la Fuente no dejó ese momento llegar. Rodri marcó el tempo, Dani Olmo se movió entre líneas como un escapista, y Lamine Yamal, pese a la vigilancia permanente de dos laterales, forzó situaciones de peligro constante. Argentina levantó barricadas en el centro, apiló jugadores en las zonas por las que España suele hacer daño, y aun así no fue suficiente.
La Roja funcionó como un equipo que no necesita el espectáculo para dominar. No se exhibió. Auscultó cada grieta de la defensa argentina hasta encontrar la adecuada. Enzo Fernández vio la doble amarilla en la segunda parte, lo que dejó a Argentina con diez desde el minuto 92. Con uno menos, el partido derivó hacia la prórroga con más lija que fútbol por parte albiceleste, pero España no se alteró.
La segunda estrella y lo que significa
La primera Copa del Mundo llegó tras el Europeo de 2008. Esta segunda, tras la Eurocopa de 2024. El paralelismo no es casual: refleja la consolidación de un modelo que lleva más de tres lustros siendo referencia mundial, con generaciones distintas que han sabido mantener una identidad de juego reconocible y efectiva. Rodri levantó el trofeo ante un estadio que celebró el final de una era y el inicio de otra.
Messi, que recorrió el campo durante los noventa minutos sin que su equipo generara una ocasión clara, se marcha de los mundiales sin poder responder al argumento más contundente: el fútbol colectivo, cuando funciona como lo hace España, no tiene respuesta individual.






