Las explosiones regresaron al Estrecho de Ormuz tras más de un mes de calma tensa. Alrededor de las diez de la noche hora española, Estados Unidos lanzó un ataque contra la isla de Larak que, según reconoció la propia Guardia Revolucionaria iraní, causó múltiples muertos y heridos entre sus filas. Pocas horas después, el régimen de Teherán respondía lanzando misiles contra dos bases norteamericanas en Jordania que, según las primeras informaciones, se interceptaron antes de alcanzar su objetivo.
El ataque estadounidense tenía como propósito destruir lanzacohetes iraníes cargados con minas marinas que, según fuentes del Ejército de EE.UU. transmitidas a varios medios locales, iban a ser dispuestas en ese paso estratégico. La isla de Larak se encuentra enclavada en pleno Estrecho de Ormuz, corredor vital para el tránsito de petróleo global y escenario de tensión permanente entre Washington y Teherán desde el inicio del conflicto.
Un portavoz de la Guardia Revolucionaria, en un comunicado difundido por las agencias iraníes Fars y Tasnim —ambas vinculadas al cuerpo de élite—, confirmó que el ataque se ejecutó con drones y dejó bajas sin especificar cifras. Calificó la acción de «agresión terrorista» y aseguró que recibiría «castigo».
Misiles iraníes sobre Jordania y respuesta aérea
Cumpliendo esa amenaza, la Guardia Revolucionaria anunció haber lanzado una operación combinada con misiles y drones contra las bases jordanas de Al Azraq y Rey Hussein, atribuyéndose «grandes daños» sin que haya podido verificarse el impacto real sobre los objetivos. El ejército jordano, por su parte, confirmó la interceptación de ocho misiles en su espacio aéreo sin precisar su procedencia, lo que sugiere que el escudo antiaéreo funcionó con eficacia.
La televisión catarí Al Jazeera recogió previamente el testimonio de un oficial estadounidense que confirmaba que los objetivos en Larak resultaron dos lanzacohetes iraníes apostados en la isla, en línea con la justificación oficial de Washington.
El retorno a los ataques cinéticos
Este es el primer ataque del que se tiene constancia desde finales de julio, cuando se informó de bombardeos contra decenas de posiciones militares de la Guardia Revolucionaria. El intercambio llega después del colapso de las negociaciones de paz y de la expiración del alto el fuego y del plazo de 60 días para una salida negociada al conflicto.
Tras ese fracaso diplomático, Washington anunció un severo paquete de sanciones contra Teherán, apuntando a la presión económica como instrumento principal. Sin embargo, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, se encargó de matizar esa lectura y dejó claro que el Pentágono no descarta seguir ejecutando «ataques cinéticos» cuando lo considere necesario. Lo de esta noche parece confirmar que esa puerta nunca estuvo del todo cerrada.






