La escalada bélica en la región ha alcanzado un punto de no retorno tras cumplirse un mes del inicio de las hostilidades. Mientras el presidente Donald Trump intenta manejar los tiempos mediante una tregua técnica en el sector energético, Benjamín Netanyahu ha decidido acelerar las operaciones terrestres y aéreas. El ejército israelí no solo ha golpeado instalaciones clave de procesamiento de uranio en Irán, como las plantas de Jondab y Ardakan, sino que ha extendido su control territorial en el sur de Líbano, superando ya los diez kilómetros de incursión.
El pulso de Israel Katz contra la cúpula persa
El ministro de Defensa, Israel Katz, ha verbalizado la estrategia de «descabezamiento» que guía las operaciones actuales. Tras la eliminación de Alireza Tangsiri, figura central en el bloqueo del estrecho de Ormuz, Israel Katz ha advertido que la lista de objetivos se ampliará a otros mandos de la Guardia Revolucionaria. Esta política de asesinatos selectivos busca desarticular la cadena de mando iraní en un momento donde Teherán asegura haber movilizado a un millón de combatientes para una posible defensa terrestre.
Sin embargo, pese a que Donald Trump proclama una victoria anticipada basándose en la superioridad tecnológica, la inteligencia estadounidense matiza este triunfalismo. Según informes recientes, apenas se ha logrado neutralizar un tercio del arsenal de misiles balísticos de Irán. Esta discrepancia sugiere que la campaña, lejos de cerrarse, podría entrar en una fase de desgaste prolongado donde el control del estrecho de Ormuz seguirá siendo la principal moneda de cambio geopolítica.






