La contundente victoria de AfD en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, donde la formación ultraderecha ha logrado el 43,8% de los votos —más del doble que en los comicios de hace cinco años—, ha encendido todas las alarmas en Europa. La reacción más directa la protagonizó el primer ministro polaco, Donald Tusk, que no dejó margen a la interpretación: «En Polonia solo los idiotas y los traidores pueden alegrarse de la victoria de la AfD».
El contraste con otras capitales europeas ha sido notable. Mientras líderes como el ministro francés de Asuntos Europeos, Benjamin Haddad, calificaba el resultado de «momento muy grave para Europa» y su homólogo de Finanzas, Roland Lescure, lo describía como «una señal muy, muy preocupante», las instituciones de la UE optaban por el silencio. La portavoz de Ursula von der Leyen en la Comisión fue taxativa: «Nunca comentamos sobre resultados de elecciones nacionales y regionales».
La ultraderecha europea celebra mientras los analistas piden calma
En el otro extremo del tablero político, los líderes ultras europeos respondieron con entusiasmo. El viceprimer ministro italiano Matteo Salvini recurrió a la ironía: «¿Miedo? ¿Terror? ¿Peligro? No, se llama DEMOCRACIA». El ex primer ministro húngaro Viktor Orbán fue aún más explícito: «¡Una gran noche para Alemania y para Europa! Abróchense los cinturones, esto no ha hecho más que empezar».
Sin embargo, los analistas aconsejan no precipitarse en las conclusiones. Mujtaba Rahman, director general para Europa de Eurasia Group, recuerda que «en Alemania, la AfD no tiene una ruta plausible hacia el poder federal» y que «la UE tiende a ser más resiliente de lo que sugiere el consenso». En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen lidera todas las encuestas de cara a 2027, pero ni ella ni su número dos, Jordan Bardella, se han pronunciado sobre el triunfo alemán. La formación rompió con AfD en el Parlamento Europeo en 2024 por considerarla demasiado extremista.
Una paradoja política: la extrema izquierda como llave del gobierno ultra
El resultado abre ahora un escenario político inédito en Sajonia-Anhalt. La AfD podría gobernar en solitario si el partido de extrema izquierda Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia (BSW) decide abstenerse. La formación, escisión de Die Linke fundada en 2024 por la política Sahra Wagenknecht, ha superado por la mínima el umbral del 5% exigido para tener representación parlamentaria.
La candidata del BSW, Claudia Wittig, ha explicado que su partido quiere «decidir en función de los contenidos» y no ha descartado apoyar proyectos «también con AfD». La paradoja tiene una explicación ideológica: pese a sus orígenes radicalmente distintos, ambas formaciones comparten posiciones antieuropeístas, proteccionismo económico, críticas a la OTAN y una política exterior marcadamente prorrusa.
Tras el fracaso del Brexit, las fuerzas ultras europeas han abandonado el discurso de salida de la UE para apostar por transformarla desde dentro. La líder de AfD, Alice Weidel, ha vuelto a coquetear en campaña con la idea de abandonar el euro y el espacio Schengen, una línea que incomoda incluso a sus potenciales aliados en la Eurocámara.






