La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofreció este miércoles al primer ministro canadiense, Mark Carney, que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea. El ofrecimiento, histórico por su alcance, se produjo en Estrasburgo, donde Carney se desplazó para asistir al discurso sobre el estado de la UE y donde mañana dará el suyo propio ante el Parlamento Europeo.
«Querido Mark, me gustaría trabajar contigo para abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea. Compartimos un océano, unos mismos valores y una misma manera de ver el mundo», declaró Von der Leyen desde la tribuna del hemiciclo, con Carney presente en la sala.
El momento no es casual. Las relaciones entre Canadá y Estados Unidos atraviesan uno de sus peores momentos en décadas. Carney lleva meses totalmente enfrentado al presidente estadounidense, Donald Trump, por las amenazas arancelarias y, sobre todo, por las repetidas fanfarronadas del magnate con la posibilidad de convertir Canadá en el estado número 51 de EEUU. La respuesta de Ottawa ha sido buscar aliados. Y Bruselas se presenta ahora como el más ambicioso de todos ellos.
Un proyecto abierto con implicaciones globales
Von der Leyen no concretó qué beneficios implicaría exactamente esta nueva figura, pero el marco que esbozó apunta a una mayor integración económica, una colaboración reforzada en Defensa, más facilidades para la movilidad de personas y un proyecto común en el Ártico. La alta funcionaria alemana también insistió en que la asociación «no va contra nadie», aunque el contexto deja poco margen para la ambigüedad: el adversario que reordenó todos los equilibrios es Trump.
La apertura de esta vía tiene además una dimensión que va más allá de Canadá. Si el modelo prospera, otros países podrían interesarse en recorrer un camino similar. Australia es uno de los nombres que ya circula en los análisis estratégicos.
Un Consejo Europeo de Seguridad con socios no comunitarios
Von der Leyen aprovechó también el discurso para proponer la creación de un Consejo Europeo de Seguridad que incluiría, junto a los estados miembros, a Canadá, Reino Unido, Noruega y Ucrania. La iniciativa busca establecer un mecanismo de respuesta ante amenazas híbridas que no alcanzan el umbral de agresión armada pero que comprometen la seguridad nacional de los estados. «Un mecanismo que complemente el artículo 4 de la OTAN», definió la presidenta de la Comisión.
La propuesta llega en un momento en que la UE trata de dotarse de instrumentos propios ante un entorno internacional profundamente alterado. El gesto hacia Carney condensa esa voluntad: Bruselas quiere ser algo más que un mercado y aspira a construir una arquitectura de alianzas con vocación política real.






