El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió ante el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, su decisión de seguir negociando con Irán sobre su programa nuclear, pese a las presiones directas de Israel para endurecer la postura y descartar cualquier acuerdo limitado. El encuentro, celebrado en Washington bajo un alto nivel de discreción, confirma un punto de fricción relevante entre dos aliados históricos en un momento de elevada tensión regional y con implicaciones estratégicas de largo alcance para Oriente Próximo.
Trump calificó la reunión como “muy buena” y subrayó que la relación bilateral sigue siendo sólida. Sin embargo, dejó claro que su prioridad pasa por explorar la vía diplomática con Teherán para frenar su programa nuclear. El mandatario trasladó a Netanyahu que considera preferible agotar las negociaciones antes de contemplar escenarios alternativos, aunque mantuvo sobre la mesa la amenaza de un nuevo ataque militar si Irán rechaza un acuerdo. El mensaje combina presión y apertura, una fórmula que Trump ya empleó en episodios anteriores de su política exterior.
Netanyahu adelantó su visita a Washington con el objetivo explícito de influir en unas conversaciones iniciadas por la Administración Trump el pasado fin de semana en Omán. Allí, los principales negociadores estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, mantienen contactos indirectos con representantes iraníes. El primer ministro israelí teme un pacto que limite el programa nuclear iraní sin abordar otros frentes que Israel considera existenciales, como el desarrollo de misiles balísticos o el respaldo de Teherán a milicias armadas en la región. Para el Gobierno israelí, un acuerdo que ignore estos factores consolidaría una amenaza estructural a su seguridad.
Una visita sin gestos públicos y con advertencias militares
Trump dejó entrever esas diferencias al admitir que no alcanzó ningún consenso definitivo con Netanyahu. Aun así, recordó las consecuencias de un fracaso diplomático, aludiendo a los bombardeos estadounidenses del pasado junio contra instalaciones nucleares iraníes, ejecutados tras un ataque previo de Israel. El presidente volvió a advertir de que una negativa iraní podría derivar en una respuesta militar, reforzada por el despliegue naval estadounidense en la zona, incluido el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln.
La visita se caracterizó por una ausencia total de gestos públicos. No hubo comparecencias, ni declaraciones conjuntas, ni imágenes oficiales del encuentro, un contraste evidente con el estilo habitual de Trump. Netanyahu se limitó a difundir un comunicado genérico en el que mencionó Irán, Gaza y la situación regional, y destacó la coordinación entre ambos gobiernos.
Antes de reunirse con Trump, Netanyahu mantuvo un encuentro con el secretario de Estado, Marco Rubio, para formalizar la entrada de Israel en la Junta de Paz impulsada por Trump, un foro diseñado para la reconstrucción de Gaza. El movimiento buscó reforzar la posición diplomática israelí, aunque no logró alterar el núcleo de la estrategia estadounidense. La escena confirma que, más allá de la retórica de alianza, Trump marca el ritmo de la negociación con Irán, incluso frente a uno de sus socios más cercanos.






