Donald Trump volvió a sorprender este jueves con un giro de 180 grados sobre España. Apenas horas después de afirmar que el país «se portó muy mal» por no respaldarlo en su ofensiva contra Irán, el presidente estadounidense aseguró que España «se ha redimido por completo» tras acceder a una «importante solicitud de pago» en el marco de la OTAN. Las declaraciones, realizadas a bordo del Air Force One de regreso desde Ankara, no vinieron acompañadas de ningún detalle sobre el acuerdo.
«Si no lo hubieran hecho, ni siquiera les habríamos hablado», añadió Trump, en un tono que mezcla el elogio con la advertencia y que resume bien su estilo diplomático.
Un acuerdo sin explicar
Ni Trump ni el Gobierno español han aclarado a qué «solicitud de pago» se refiere el mandatario republicano. Hasta ese momento, el principal foco de tensión entre Washington y Madrid giraba en torno al objetivo de destinar el 5% del PIB a defensa, una meta que el ejecutivo de Pedro Sánchez ha rechazado sistemáticamente por considerarla desproporcionada respecto a las necesidades reales de la Alianza Atlántica. Que ahora Trump hable de una concesión española relevante sin concretar nada resulta, cuanto menos, llamativo.
El propio Sánchez había desvelado el día anterior que ambos mantuvieron una charla informal mientras esperaban la foto de familia de la cumbre, «con absoluta y total cordialidad», en la que hablaron de fútbol y de golf. El presidente del Gobierno insistió en que las relaciones bilaterales son «muy, muy positivas» y que «son más las cosas que nos unen que las que nos separan», pese a que los ataques públicos de Trump apuntaban en dirección contraria.
Sánchez, entre la cordialidad y el déficit comercial
Antes de que Trump lanzara sus elogios, Sánchez ya intentaba rebajar la tensión con un argumento recurrente: que España «sufre un déficit comercial con Estados Unidos» y que, en cualquier caso, la política comercial corresponde negociarla a la Comisión Europea, no a los gobiernos nacionales. «Las relaciones comerciales se tejen entre empresas, no entre gobiernos», zanjó.
El problema es que esa línea argumental, correcta en términos técnicos, choca con la realidad de una cumbre en la que Trump presionó directamente a los líderes europeos y obtuvo respuestas individuales. Sánchez salió de Ankara presumiendo de buena sintonía personal con el presidente estadounidense, pero sin explicar qué comprometió exactamente para pasar de los ataques al elogio en cuestión de horas. La opacidad del Gobierno sobre el contenido del supuesto acuerdo no hace más que alimentar las preguntas.






