Estados Unidos ha vuelto a bombardear objetivos en Irán este miércoles, en una escalada que entierra el frágil alto el fuego alcanzado el 17 de junio y reabre las hostilidades en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. El Mando Central estadounidense aseguró en un comunicado que los ataques buscan «degradar» la capacidad iraní para amenazar la libertad de navegación en esa vía de paso crítica para el suministro energético global.
La ofensiva se produjo horas después de que Donald Trump, desde la cumbre de la OTAN en Ankara, diera prácticamente por roto el acuerdo. «Para mí, creo que se acabó», afirmó el presidente, aunque añadió que las negociaciones pueden continuar. Su mensaje fue deliberadamente ambiguo: advirtió de que EE.UU. podría «golpear muy fuerte» a Irán de nuevo, pero descartó una guerra prolongada.
Washington justifica los bombardeos como represalia por los ataques iraníes contra buques comerciales en el estrecho. Según EE.UU., Teherán ha atacado al menos cinco embarcaciones desde la firma del acuerdo provisional, tres de ellas esta semana. Irán, por su parte, sostiene que tiene derecho a controlar las rutas de paso y acusa a Washington de violar el memorando de entendimiento, incluyendo la revocación de la licencia que permitía a Teherán exportar petróleo de forma abierta.
Explosiones en el sur de Irán y tensión en los mercados
Los ataques alcanzaron, según el Mando Central, sistemas de defensa aérea, radares y decenas de embarcaciones menores vinculadas a la Guardia Revolucionaria. Medios iraníes informaron de explosiones en Bandar Abbas, Bushehr, Chabahar y otras zonas del sur del país. La televisión estatal iraní cifró en al menos ocho los militares muertos en los bombardeos.
El impacto en los mercados fue inmediato. El precio del Brent subió hasta los 80 dólares por barril ante el temor a una interrupción del tráfico energético por Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a las partes que retomen urgentemente las negociaciones y advirtió de que una vuelta a las hostilidades a gran escala tendría consecuencias «catastróficas» para la región y para la economía mundial.
La ruptura del alto el fuego en menos de una semana expone la fragilidad de los acuerdos alcanzados bajo presión y plantea serias dudas sobre la voluntad real de ambas partes de sostener cualquier entendimiento duradero. La comunidad internacional observa con inquietud una escalada que, de consolidarse, amenaza con transformar el Golfo Pérsico en un nuevo foco de inestabilidad global de primer orden.






