Sanae Takaichi llegó a la jefatura del Gobierno japonés en octubre de 2025 como la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia del país, pero el dato biográfico es, quizás, lo menos relevante de su figura. La que ya apodaron la «dama de hierro» del siglo XXI acumula en poco tiempo en el poder una agenda que ha sacudido los cimientos del Japón de posguerra: la aprobación de exportaciones de armas letales por primera vez en 80 años, un choque diplomático abierto con China y un proyecto de reforma constitucional que amenaza con liquidar el pacifismo como principio de Estado.
El ‘Sanaenomics’ y la ruptura con ochenta años de pacifismo
Takaichi, de 64 años, forjó su carrera política bajo la tutela de Shinzō Abe, asesinado en 2022, y se define como su heredera ideológica más ortodoxa. Frente al ‘Abenomics’, ella propone el ‘Sanaenomics’: gasto fiscal «responsable y proactivo», política monetaria expansiva e «inversiones audaces» en seguridad y crecimiento. La pieza central de su programa es elevar el gasto militar al 2% del PIB y reformar el artículo 9 de la Constitución, sin descartar el rearme nuclear. En abril de 2026, su Gobierno aprobó la venta de armamento letal —misiles, buques de guerra— a 17 países aliados. Un giro histórico que justificó con una frase inequívoca: «Ningún país puede proteger su paz y seguridad por sí solo.»
La medida ha generado tensión interna notable. Un 67% de los japoneses se opone, según una encuesta del diario Asahi, y las calles de Tokio han registrado protestas de hasta 36.000 personas. Takaichi, sin embargo, ha mantenido el rumbo.
Batería, redes sociales y un perfil que desborda lo político
Su figura resulta difícil de encuadrar en los estándares habituales del conservadurismo asiático. Ávida baterista de heavy metal, influencer con millones de seguidores y un índice de aprobación del 90% entre los menores de 30 años, Takaichi ha renovado la imagen del Partido Liberal Democrático sin abandonar sus postulados más duros: defiende el sistema tradicional de sucesión imperial —solo varones— y se posiciona en las antípodas del feminismo institucional. Admira profundamente a Margaret Thatcher y no lo oculta.
En el plano internacional, su alianza con Donald Trump —descrita como la «piedra angular» de la política exterior japonesa— y su cercanía con Giorgia Meloni la sitúan en la red del conservadurismo occidental de nuevo cuño. Mientras tanto, el ministro de Exteriores chino Wang Yi le advirtió en Múnich de una «derrota devastadora» si impulsaba el rearme. Tokio presentó una protesta formal.
Con una supermayoría de más de dos tercios en la Cámara Baja, Takaichi tiene músculo parlamentario para avanzar. La reforma constitucional completa requiere también la Cámara Alta, donde su coalición está en minoría. Es el único freno visible a una agenda que, por lo demás, avanza sin pausa.






