El miércoles expira el alto el fuego de dos semanas acordado entre Irán y Estados Unidos, y el margen diplomático se estrecha por horas. Teherán, que el lunes rechazaba públicamente acudir a una nueva ronda de conversaciones en Islamabad, ha moderado su postura: según un alto funcionario iraní citado por Reuters, el régimen «revisa positivamente» su asistencia a la capital pakistaní tras los movimientos de Islamabad para desbloquear el cerco naval estadounidense sobre puertos iraníes.
El giro es parcial y frágil. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Baghaei, había denunciado pocas horas antes que Washington no demuestra «un compromiso serio con el proceso diplomático», y enumeró las razones: la incautación de un carguero iraní, el bloqueo naval sobre sus puertos y las demoras en aplicar la tregua en Líbano. Para Teherán, son «claras violaciones» del acuerdo.
Trump intensifica la presión mientras negocia
Donald Trump confirmó el domingo el envío de una delegación a Islamabad encabezada por el vicepresidente J.D. Vance, pero acompañó el gesto con una advertencia: haría «volar por los aires» Irán si no se sienta a negociar. Ese mismo día anunció la captura del buque iraní Touska, que intentaba eludir el cerco en aguas del golfo de Omán. La Guardia Revolucionaria iraní condenó el ataque y anunció «represalias».
Ese patrón —gesto diplomático y amenaza simultánea— define la táctica de Trump en este conflicto. También obliga a Teherán a calcular cada movimiento con el riesgo de una escalada real sobre la mesa.
Los escollos que bloquean cualquier acuerdo
Las fricciones van más allá del tono. Irán mantiene el cierre selectivo del estrecho de Ormuz pese a que el acuerdo del 8 de abril implicaba su apertura total —apertura que este lunes reclamó también el presidente chino Xi Jinping—. Trump, por su parte, ha mantenido el bloqueo naval y exige que Teherán entregue su uranio enriquecido, algo que el régimen iraní descarta de plano.
Mientras tanto, el Pentágono no ha frenado su despliegue: 10.000 soldados adicionales se suman a los 50.000 ya presentes en la región, y la Casa Blanca estudia planes que incluyen desde la incautación del material nuclear iraní hasta el control de enclaves estratégicos en Ormuz.
El acuerdo actual nació de forma inesperada en un momento de máxima tensión. No es imposible que algo similar vuelva a ocurrir. Pero los incentivos para ceder son, hoy, menores que nunca en ambos lados.






