Vladímir Putin ha elevado de nuevo la presión estratégica sobre Estados Unidos al advertir a Donald Trump de que Rusia está preparada para reanudar ensayos nucleares si Washington ejecuta primero esa decisión. La advertencia, formulada durante una sesión del Consejo de Seguridad ruso, se produce en un momento en el que ambas potencias afirman proteger su seguridad nacional mientras reconfiguran sus doctrinas de disuasión para las próximas décadas.
Putin recordó a sus altos mandos que Rusia ha cumplido hasta ahora sus compromisos con el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, aunque señaló que el acuerdo perderá validez si cualquier firmante retoma las pruebas. El mensaje se dirigió a Trump, quien anunció hace unos días su intención de reactivar los ensayos estadounidenses “en igualdad de condiciones” con otros programas nucleares. La ambigüedad del anuncio provocó dudas incluso entre los responsables de seguridad rusos, que reconocieron no haber recibido aclaraciones de sus interlocutores en Washington.
La reunión del Consejo de Seguridad, inicialmente centrada en cuestiones de transporte, derivó en un acto de escenificación política en presencia del propio Putin. El presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin, insistió en evaluar la necesidad de preparar nuevos ensayos, mientras que el ministro de Defensa, Andréi Belousov, afirmó que las Fuerzas Armadas rusas “están listas” para detonar una cabeza nuclear si el Kremlin lo ordena. Belousov también propuso activar de inmediato los preparativos en el histórico campo de pruebas de Nóvaya Zemlya, operativo desde la época soviética.
Figuras influyentes como Serguéi Shoigú, actual presidente del Consejo de Seguridad, y Serguéi Narishkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior, aseguraron que han intentado obtener detalles de las nuevas directrices estadounidenses sin éxito. Para ambos, la falta de comunicación directa aumenta el riesgo de interpretaciones erróneas en un momento de aceleración armamentística.
Relaciones diplomáticas
El deterioro del diálogo entre Putin y Trump contrasta con el tono más constructivo que mostraron durante el verano, cuando abordaron la situación en Ucrania. Sin embargo, ambos mandatarios han impulsado en los últimos meses iniciativas que alteran el equilibrio estratégico. Trump presentó un ambicioso sistema de defensa antimisiles espacial, denominado Cúpula Dorada, que aspira a blindar el territorio estadounidense mediante satélites e interceptores. La inversión inicial asciende a 175.000 millones de dólares y apunta a crear un escudo de nueva generación frente a amenazas de largo alcance.
Putin, por su parte, ha acelerado el despliegue de capacidades que calificó de “invencibles” en 2018. Entre ellas destacan el dron submarino Poseidón y el misil de crucero 9M730 Burevéstnik, ambos impulsados por motores nucleares y diseñados para sortear sistemas de defensa existentes. Su alcance prácticamente ilimitado pretende garantizar que Rusia mantenga una capacidad de represalia creíble ante cualquier ataque.
La combinación de estos avances técnicos y la retórica creciente de ambos presidentes refuerza la sensación de que Moscú y Washington se adentran en una fase de competencia estratégica más explícita. Aunque Putin dejó abierta la opción de revertir un posible ensayo si Estados Unidos reconsidera sus planes, la dinámica actual apunta a un ciclo prolongado de tensión que podría redefinir la arquitectura de seguridad global.






