Tensión en Oriente Medio

De las promesas millonarias a Washington al SOS: las petromonarquías del Golfo ante su peor crisis en décadas

El cierre del Estrecho de Ormuz está empujando a las petromonarquías del Golfo hacia una recesión sin parangón desde la pandemia, lo que ha llevado a varios países a pedir líneas de liquidez a la Administración Trump

Barco en el Estrecho de Ormuz. Foto: ©Defense Visual Information Distribution Service.

El Estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro de una crisis económica de primer orden que está llevando a las petromonarquías del Golfo a pedir auxilio a Washington. Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Baréin e Irak acumulan un impacto que la ONU cifra en entre 103.000 y 168.000 millones de dólares, una magnitud solo comparable al zarpazo de la pandemia de 2020, y que amenaza con reconfigurar por completo la estabilidad financiera de una región acostumbrada a presumir de colchones soberanos prácticamente inagotables.

Un rescate que no quiere llamarse rescate

La Administración Trump, por boca del secretario del Tesoro Scott Bessent, confirmó esta semana que «varios» países del Golfo han solicitado líneas de intercambio de divisas (swap) para garantizarse acceso a dólares a corto plazo. Emiratos Árabes Unidos rechaza el término «rescate», pero la petición habla por sí sola: naciones con enormes fondos soberanos y reservas históricamente holgadas están viendo tensarse su liquidez en moneda fuerte como consecuencia directa del doble cierre del estrecho. «La petición es, ante todo, preventiva: si se establece una línea swap, es menos probable que llegue a utilizarse, ya que los mercados no presionarán en exceso los tipos de cambio», explica Azad Zangana, jefe de análisis para el Golfo de Oxford Economics.

La lógica detrás de que Washington esté considerando la solicitud también responde al interés propio. Los fondos soberanos del Golfo concentran una parte considerable de sus carteras en activos denominados en dólares, y una venta forzada de esos activos para cubrir necesidades fiscales podría generar turbulencias en los propios mercados estadounidenses. «Los acuerdos de swap permiten obtener liquidez sin provocar desórdenes», advierte Paul Donovan, economista jefe de UBS, aunque avisa de que a largo plazo algunos países tendrán que vender activos para financiar la reconstrucción.

Un bloque lejos de ser homogéneo

El Golfo no sufre la crisis por igual. Baréin acumula las peores vulnerabilidades: sus exportaciones de crudo y aluminio han caído prácticamente a cero y arrastra una deuda pública cercana al 150% del PIB. Irak, la única república del grupo, parte de una renta per cápita doce veces inferior a la de Qatar. En un escalón intermedio, Qatar y Kuwait disponen de más margen gracias al ahorro acumulado, pero el Fondo Monetario Internacional proyecta una contracción del 8,6% para Doha este año, frente al crecimiento del 6,1% que estimaba hace apenas seis meses. Emiratos y Arabia Saudí están consiguiendo redirigir parte de sus flujos energéticos a través de oleoductos alternativos, aunque el FMI ya les ha recortado sus previsiones de crecimiento en 1,9 y 0,9 puntos respectivamente.

Las cicatrices, en todo caso, apuntan a ser duraderas. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo advierte de que, incluso cuando cesen las hostilidades, los inversores exigirán mayores intereses para compensar el riesgo geopolítico, encareciendo la financiación a largo plazo y reduciendo el atractivo de la región como destino de inversión extranjera. Un cambio estructural en la percepción del riesgo que, según sus técnicos, «podría persistir durante años», complicando las ambiciones de diversificación económica que países como Emiratos, Qatar y Arabia Saudí llevan más de una década persiguiendo.»,

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