El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha autorizado la reapertura limitada del paso fronterizo de Rafah, que conecta la Franja de Gaza con Egipto, tras casi dos años de cierre efectivo. La decisión permite, desde este lunes, el movimiento de un número muy reducido de palestinos, en un gesto que introduce un alivio parcial en un territorio marcado por el aislamiento prolongado, aunque sin alterar el control estructural que Israel mantiene sobre los flujos de personas.
En la primera jornada, unas 50 personas regresaron a Gaza desde Egipto, mientras que un número similar salió del enclave, principalmente por razones médicas, según informó la televisión estatal egipcia. De ese grupo, solo cinco pacientes con necesidades sanitarias urgentes cruzaron directamente por Rafah junto a dos acompañantes cada uno; el resto realizó el tránsito a través de cruces controlados por Israel. El proceso avanzó con lentitud y se prolongó hasta el atardecer, reflejando las restricciones operativas impuestas desde el inicio.
Alto el fuego
La reapertura llega con cuatro meses de retraso respecto al calendario previsto en el acuerdo de alto el fuego alcanzado en octubre, mediado por el presidente estadounidense Donald Trump. En términos políticos, Rafah se reactiva como un componente técnico del pacto, pero sin convertirse en una frontera plenamente funcional. Israel exige la aprobación previa de cada nombre, supervisa el cruce a distancia mediante sistemas de reconocimiento facial y limita los horarios de apertura a unas pocas horas al día.
Egipto, por su parte, ha asumido un papel logístico clave. El gobernador del Sinaí del Norte, Jaled Maghawer, confirmó el refuerzo de ambulancias y la activación de hospitales en la región para atender a heridos y enfermos procedentes de Gaza. El Ministerio de Sanidad egipcio también ha reabierto un punto médico dentro del propio paso fronterizo, anticipando un flujo sostenido, aunque reducido, de pacientes palestinos.
«Salvavidas»
El comité tecnocrático palestino encargado de la gestión civil de Gaza considera que la reapertura puede ofrecer un “salvavidas” a personas que necesitan tratamiento en el extranjero, así como a estudiantes y familias separadas por la guerra. Sin embargo, el margen de maniobra sigue siendo estrecho. Israel ha dejado claro que priorizará la salida de heridos y enfermos —la ONU estima unos 20.000— mientras que el regreso se limitará a residentes que abandonaron la Franja durante el conflicto, cerca de 100.000 según cálculos oficiales.
Desde una perspectiva más amplia, Rafah reabre bajo un diseño que preserva el equilibrio de poder previo a la tregua. Netanyahu mantiene el bloqueo sobre la entrada de ayuda humanitaria por este paso y excluye el acceso de periodistas extranjeros, una política que continúa generando fricciones legales y diplomáticas. Para Egipto, la reapertura controlada plantea además un riesgo estratégico: la posibilidad de que salgan más palestinos de los que regresen, alterando de forma gradual la demografía del enclave.






