Italia prorroga otros quince días la suspensión parcial de Schengen con España, manteniendo los controles fronterizos en las conexiones aéreas y marítimas entre ambos países. El ministro del Interior italiano, Matteo Piantedosi, comunicó este martes la decisión a la Comisión Europea y al resto de ministros de Interior de la UE. En cuestión de horas, Madrid respondió con la misma medida: también prolonga los controles a los viajeros procedentes de Italia por vía aérea y marítima, esta vez hasta el 3 de octubre.
El Gobierno de Giorgia Meloni mantiene así una medida que introdujo el pasado 1 de agosto, tras la llegada masiva de migrantes a Ceuta desde Marruecos, y que ya había prorrogado una primera vez a finales de agosto. Roma argumenta que persisten «riesgos significativos para la seguridad interna» y apunta a una eventual amenaza vinculada a infiltraciones terroristas. Sin embargo, y según los datos del propio Ministerio del Interior italiano, ninguna de las más de 180.000 personas identificadas desde entonces ha llegado a Italia procedente de Ceuta, el argumento que en su día justificó la medida.
Albares carga contra Roma y Madrid sube el tono
La respuesta política del Gobierno español ha sido especialmente agresiva en las formas. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó la decisión de «absurda, inútil y una vergüenza» y acusó a Italia de «dinamitar el espíritu» de lo que significa ser socios europeos. Recordó, además, que Italia registra actualmente el doble de entradas irregulares que España. El tono resulta llamativo, aunque no sorprende viniendo de un Ejecutivo que ha hecho de la confrontación verbal con sus socios una herramienta habitual, por encima en ocasiones de la discreción diplomática.
En el Gobierno italiano, en cambio, la prórroga se ha convertido casi en una rutina calculada. Fuentes conocedoras del dosier reconocen que levantar los controles ahora equivaldría en cierta medida a admitir que tampoco en agosto existían razones suficientes para una medida tan excepcional. Además, hacerlo supondría un gesto hacia Pedro Sánchez en un momento en que el clima político entre Roma y Madrid es cualquier cosa menos cordial.
El calendario apunta al Consejo Europeo de octubre
La intención, según las mismas fuentes, sería mantener los controles al menos hasta el Consejo Europeo del 15 y 16 de octubre. La fecha no es casual: precisamente ese día la Comisión Europea debe evaluar de nuevo la situación de Italia respecto a las nuevas reglas europeas sobre traslados de solicitantes de asilo. Bruselas lleva semanas reprochando a Roma que bloquee en la práctica la llegada de los llamados dublinantes, migrantes cuya solicitud de asilo corresponde a Italia y que otros Estados miembros pretenden devolver al país.
El cruce de controles fronterizos entre dos de los principales socios del bloque comunitario ilustra las tensiones que el pacto migratorio europeo sigue generando en el interior de la UE, con capitales que aplican las reglas a su conveniencia y utilizan los mecanismos de Schengen como palanca de presión política antes que como herramienta de gestión real.






