Donald Trump recibió en la Casa Blanca a María Corina Machado en una reunión de perfil bajo, organizada con discreción y celebrada a puerta cerrada, apenas horas después de elogiar públicamente a Delcy Rodríguez, a quien Washington reconoce como presidenta interina de Venezuela. El encuentro, que la propia Machado presentó después como una señal de respaldo, deja una fotografía política compleja: Trump mantiene abierta la interlocución con la oposición, pero sostiene su apuesta operativa por el gobierno interino encabezado por una figura central del chavismo.
Machado llegó al recinto vestida de blanco y accedió por una entrada lateral alrededor del mediodía. La reunión tomó la forma de un almuerzo de trabajo en un salón secundario de la Casa Blanca, junto al Despacho Oval, y se prolongó algo más de dos horas. Al salir, Machado se dirigió a simpatizantes congregados en las inmediaciones y afirmó: “Contamos con el presidente Trump para la liberación de Venezuela”.
Transición en Venezuela
La cita se produjo doce días después de la intervención militar en Venezuela que culminó con la captura en Caracas de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Según la información disponible, un tribunal federal de Nueva York procesa a ambos por delitos vinculados a “conspiración narcoterrorista” y por tráfico de cocaína y armas. Desde el primer día de esa operación, Trump dejó claro que no considera a Machado la figura idónea para pilotar una transición y se reservó un papel central en el diseño político posterior.
La Casa Blanca explicitó esa distancia antes y después del encuentro. La portavoz Karoline Leavitt afirmó que Trump sigue dudando de la capacidad de Machado para suceder a Maduro y describió esa evaluación como “realista” y sin cambios. A la vez, Leavitt calificó a Machado como una voz “notable y valiente” para muchos venezolanos y presentó la reunión como una conversación “buena y positiva”.
Contraste con Delcy Rodríguez
El contraste se amplificó por el mensaje previo del presidente sobre Delcy Rodríguez. Trump la describió como una “persona estupenda” y sostuvo que Estados Unidos “trabaja muy bien con ella” desde que asumió el mando con el aval de Washington. Leavitt reforzó esa línea al señalar que Trump habló directamente con Rodríguez esta semana y que Marco Rubio y la Administración mantienen “comunicación constante” con ella y con otros miembros del gobierno interino. Según la portavoz, esas autoridades han cooperado y han cumplido con demandas y solicitudes de Washington “hasta el momento”.
Machado llegó a Washington, según su equipo, para expresar gratitud por el apoyo estadounidense, pedir la liberación de presos políticos y defender que una continuidad de Rodríguez consolidaría un esquema de poder incompatible con una transición. La reunión también se interpretó como un pulso por la influencia interna en el plan de tutela política y económica que Washington proyecta sobre Venezuela, con el petróleo como variable de fondo.
En términos más duraderos, el episodio apunta a una estrategia de Trump centrada en el control del proceso y en socios funcionales, incluso si proceden del aparato chavista. Esa decisión tensiona la legitimidad de cualquier transición y desplaza el debate hacia quién administra el poder en Caracas, bajo qué garantías y con qué horizonte electoral.






