Los rebeldes hutíes tomaron este jueves el control del puerto de Moca, en el mar Rojo, consolidando su posición junto a Bab el Mandeb —el estrecho entre Yemen y el Cuerno de África que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén— y colocando a su aliado Irán ante la posibilidad de ejercer un doble bloqueo de las dos grandes arterias del suministro global de hidrocarburos, Bab el Mandeb y el Estrecho de Ormuz.
La toma de Moca se produjo horas después de que los insurgentes completaran el control de toda la provincia de Al Hudeida, tras hacerse durante la noche con el distrito de Hays. Varios testigos citados por la agencia Efe afirmaron haber visto convoyes de las fuerzas leales al Gobierno yemení internacionalmente reconocido retirándose hacia el sur.
Un portavoz hutí aseguró este jueves que la navegación por el mar Rojo y Bab el Mandeb sigue siendo «segura y normal» y que sus operaciones son defensivas, pero la analista yemení Maysaa Shujaa Al Deen, del Sana’a Center, no comparte esa lectura. «Los hutíes están muy cerca de controlar Bab el Mandeb, y sobre todo la isla de Mayun, donde pueden poner minas o lanzar misiles para obstruir todo el paso al canal de Suez», advierte desde El Cairo.
El Gobierno reconocido de Yemen no ha confirmado la caída de Moca y sostiene que el repliegue de sus tropas obedece a un plan de reorganización para una operación coordinada. Al Deen apunta que la aviación saudí puede frenar el avance hutí dado que «la zona de conflicto es llana», aunque reconoce que las negociaciones entre los hutíes y Riad «están paralizadas, ya sea vía Naciones Unidas o vía Omán».
Escalada en el Golfo y el petróleo por encima de los 100 dólares
Este avance sobre el terreno yemení llega en el peor momento posible para la estabilidad energética global. El martes, el Mando Central estadounidense hundió cinco petroleros vinculados a Irán en el golfo Pérsico, en represalia por ataques previos de la Guardia Revolucionaria Islámica contra un buque de guerra de EE UU. Teherán respondió atacando barcos y destructores en el Estrecho de Ormuz, además de bases estadounidenses en Jordania. Los hutíes, por su parte, provocaron incendios en instalaciones petroleras del sur de Arabia Saudí, lo que obligó a la petromonarquía a suspender temporalmente parte de sus operaciones, según el Ministerio de Energía saudí. El barril de crudo se mantiene por encima de los 100 dólares.
Ante esta situación, Pakistán trasladó a Teherán una advertencia saudí para que contuviera a sus aliados hutíes. Un alto funcionario iraní respondió que Irán «no controla» al grupo yemení, una afirmación que los analistas reciben con escepticismo.
Los hutíes, punta de lanza de un eje de la resistencia debilitado
Con las milicias iraquíes absorbidas por sus dinámicas internas, Hezbolá debilitado y Hamás en Gaza desactivado, el llamado eje de la resistencia ha perdido buena parte de su capacidad disuasoria. En ese contexto, los hutíes han cobrado un protagonismo renovado como única pieza móvil relevante del entramado regional iraní.
El presidente Donald Trump, cuya popularidad sufre el impacto del encarecimiento de los combustibles, afirmó el miércoles confiar en que la guerra termine poco después de las elecciones legislativas de noviembre, y acusó a Teherán de intentar influir en el resultado electoral.
Para Al Deen, el movimiento hutí responde a una estrategia que beneficia más a Irán en su contienda con EE UU que a la propia milicia en su pugna con Arabia Saudí. Riad, mientras tanto, busca respaldo en la coalición del mar Rojo —alianza multinacional anunciada el 31 de julio para proteger la libertad de navegación en Bab el Mandeb— y en acuerdos regionales con Ankara y Pakistán, aunque los detalles del llamado Pacto de La Meca siguen sin hacerse públicos.






