Los hutíes de Yemen han declarado un bloqueo marítimo contra Arabia Saudí «con efecto inmediato», abriendo un nuevo frente en el mar Rojo con la amenaza de cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb, el corredor de 32 kilómetros que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y por el que circula una parte sustancial de las exportaciones de petróleo del reino wahabí.
Riad había desviado más del 70% de sus exportaciones a través del puerto de Yanbu, en el mar Rojo, desde donde han salido en las últimas semanas alrededor de cuatro millones de barriles diarios, frente al millón escaso de hace apenas un año, según datos de las plataformas de análisis Kpler y Signal Ocean. Una eventual clausura del estrecho podría reducir hasta un 7% del suministro global de petróleo, un golpe directo a la economía saudí y, por extensión, a los intereses de Washington en la región.
La medida de Ansar Allah responde al ataque del Ejército yemení —respaldado por Riad— contra el aeropuerto de Saná, cuando intentaba aterrizar un vuelo procedente de Irán con una delegación de funcionarios hutíes. Los rebeldes dieron entonces por terminado el alto el fuego vigente desde octubre de 2022 y acusaron a Arabia Saudí de endurecer el bloqueo aéreo y restringir las importaciones marítimas a través del puerto de Al Hudeida, punto de entrada crítico para la ayuda humanitaria.
Una guerra económica en espejo
La analista Rosemary Kelanic, directora del área de Oriente Próximo en el think tank estadounidense Defense Priorities, lo resume con claridad: «Básicamente, Irán y los hutíes están amenazando la economía saudí exactamente con el mismo tipo de guerra económica generalizada a la que Estados Unidos está sometiendo a Irán mediante su bloqueo». El paralelismo no es casual; subraya hasta qué punto el conflicto en Yemen funciona como tablero de una disputa más amplia entre Teherán y Washington.
Kelanic estima que el bloqueo irá dirigido «contra Arabia Saudí y no contra la navegación internacional» en el estrecho, pero advierte que los cinco grandes puertos saudíes en el mar Rojo —Duba, Yanbu, Rey Abdulá, Yeda y Yazán— quedan expuestos, especialmente los más meridionales, más accesibles para los rebeldes.
El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, evitó precisar los límites geográficos del bloqueo en su declaración, aunque sus fuerzas navales lanzaron a través del Canal 16 una advertencia explícita «a todos los buques pertenecientes al enemigo saudí» para que no transitaran por el mar Rojo ni el golfo de Adén. «En caso de incumplimiento, esos buques serán nuestro objetivo», señalaron.
El precio de una escalada en el mar Rojo
La jugada hutí sitúa al mar Rojo en el centro del tablero geopolítico regional en un momento de máxima tensión entre Irán y Estados Unidos. Si los rebeldes ejecutan su amenaza y bloquean el tránsito por Bab el-Mandeb, las consecuencias se extenderán mucho más allá de la economía saudí: los mercados energéticos globales, ya bajo presión, se enfrentarían a un escenario de incertidumbre difícil de contener.






