La guerra de Irán ha dejado una factura estratégica de largo alcance para Estados Unidos: el Pentágono tardará al menos tres años en reponer el arsenal consumido en el conflicto, lo que según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ha abierto una ventana de vulnerabilidad ante un hipotético enfrentamiento con China en el Pacífico Occidental.
El análisis, publicado por este influyente think tank de defensa, cuantifica el problema con cifras que incomodan en Washington. El Pentágono utilizó más de mil misiles Tomahawk solo en las primeras semanas de la guerra, una cantidad cinco veces superior a la producción prevista para todo 2026. El inventario de estos misiles de ataque no regresará a niveles previos al conflicto hasta finales de 2030 o principios de 2031. Para los sistemas antimisiles THAAD y los misiles defensivos Patriot, el horizonte de recuperación se sitúa a mediados o finales de 2029.
El deterioro del arsenal no es nuevo: ya venía debilitado por la campaña conjunta con Israel contra instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado y por el uso sostenido contra grupos afiliados a Irán en la región, incluidos los hutíes de Yemen. La tregua frágil que rige desde el 8 de abril ha frenado el consumo, pero no ha revertido el daño acumulado.
El dinero no es el problema, el tiempo sí
Donald Trump y su secretario de Defensa, Pete Hegseth, han insistido públicamente en que el Ejército mantiene plena capacidad operativa. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, aseguró que las fuerzas armadas tienen «todo lo necesario para ejecutar en el lugar y en el momento que elija el presidente». Sin embargo, el propio Hegseth reconoció ante el Congreso que la recuperación llevará «meses y años, dependiendo de la munición».
El Departamento de Defensa ha presentado una propuesta presupuestaria de 1,5 billones de dólares, con partidas específicas para reforzar inventarios. Pero el CSIS advierte con claridad: «El problema hoy no es el dinero, es el tiempo. Se tarda en expandir la producción y fabricar esos sistemas complejos».
Algunas municiones presentan un panorama menos sombrío. Los misiles navales SM-3 y SM-6 se recuperarían entre finales de 2028 y comienzos de 2029, los misiles JASSM el año que viene y los misiles de ataque preciso PrSM antes de que termine 2026.
La paradoja china: rival y proveedor
Mientras EE.UU. trabaja para recuperar su capacidad, China avanza. Xi Jinping se ha fijado como objetivo alcanzar para 2027 la capacidad militar necesaria para invadir Taiwán, una aspiración que los expertos consideran más simbólica que un plazo inamovible, pero que refleja una presión creciente. El propio Xi lanzó un aviso a Trump durante su reciente cumbre bilateral: un mal manejo de la cuestión de Taiwán puede llevar al conflicto.
La paradoja más incómoda para Washington es que buena parte del arsenal que necesita reponer depende de minerales críticos de los que China es el principal exportador global. Esa dependencia estructural explica en parte las concesiones comerciales de Trump hacia Xi y la tregua en la guerra arancelaria.
Pese a todo, el CSIS cierra su análisis con una nota de cautela optimista. «El mundo ha visto las grandes capacidades de las fuerzas de EE.UU. no solo en Irán sino también en operaciones contra Venezuela y contra los hutíes», señala. «China es muy consciente de que no tiene experiencia de combate reciente y que su desempeño no fue bueno en su última guerra, contra Vietnam en 1979». Esa brecha de experiencia, concluye, puede sostener la disuasión mientras los inventarios se recuperan.






