El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha dado un respaldo político explícito al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en un momento especialmente sensible para el liderazgo del mandatario centroeuropeo. Durante su visita oficial a Budapest, Rubio no solo escenificó una sintonía personal con Orbán, sino que vinculó abiertamente el futuro de la relación bilateral entre Estados Unidos y Hungría a la continuidad del actual jefe de Gobierno tras las elecciones del próximo 12 de abril.
En una comparecencia conjunta, Rubio afirmó que “el éxito de Orbán es también el éxito de Estados Unidos”, una declaración poco habitual en la diplomacia estadounidense cuando se refiere a procesos electorales de países aliados. El jefe de la diplomacia norteamericana subrayó además la relación directa entre Orbán y Donald Trump, presentándola como un activo estratégico para Washington en el contexto europeo. Según Rubio, esa cercanía personal facilita una cooperación más fluida en áreas consideradas prioritarias por la actual Administración estadounidense.
La visita se produjo tras el paso de Rubio por la Conferencia de Seguridad de Múnich y sirvió para formalizar un acuerdo de cooperación en energía nuclear civil. Este pacto, presentado por ambas partes como el inicio de una “nueva era” en las relaciones bilaterales, refuerza la apuesta de Hungría por diversificar su matriz energética a largo plazo y consolida la presencia estadounidense en un sector clave para la seguridad estratégica europea.
Elecciones en Hungría
El gesto político adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta el contexto interno húngaro. Tras dieciséis años de poder ininterrumpido, el partido Fidesz de Orbán afronta unas elecciones ajustadas frente a la formación opositora Tisza, liderada por Péter Magyar. En ese escenario, el respaldo público de Washington rompe con la habitual prudencia diplomática y envía una señal clara tanto al electorado húngaro como a los socios europeos.
En el plano geopolítico, la afinidad entre Orbán y Trump se traduce en posiciones convergentes sobre Ucrania y Rusia. El Gobierno húngaro se mantiene como una de las voces más críticas dentro de la Unión Europea respecto al apoyo militar continuado a Kiev y ha preservado canales de diálogo con Moscú tras la invasión rusa. Esa línea se vio reforzada cuando Estados Unidos concedió a Hungría una exención temporal de las sanciones energéticas para seguir importando petróleo y gas rusos, una decisión que generó fricciones en Bruselas.
La apuesta de Rubio por Orbán no solo apunta al corto plazo electoral, sino que dibuja un marco de relaciones basado en liderazgos personales fuertes y afinidades ideológicas. Para Washington, Hungría se consolida así como un socio clave dentro de una Unión Europea cada vez más fragmentada en materia de política exterior y seguridad energética.






