Casi dos años de protestas estudiantiles han forzado al presidente serbio Aleksandar Vucic a convocar elecciones anticipadas para el 25 de octubre. El detonante fue el derrumbe de la estación de Novi Sad en noviembre de 2024, que dejó 16 muertos y desató una oleada de movilizaciones sin precedentes en el país, con cientos de miles de ciudadanos en las calles exigiendo transparencia y rendición de cuentas ante lo que consideraban el fruto de años de corrupción sistémica.
Vucic disolvió este miércoles el Parlamento y anunció su candidatura a primer ministro, cargo que ya ocupó entre 2014 y 2017. El movimiento, que reclamaba nuevas elecciones desde hace meses, se enfrenta ahora al reto de convertir la indignación de las plazas en votos. Las elecciones estaban previstas originalmente para 2027, pero el presidente optó por adelantarlas para cortar con la presión acumulada en las calles. «Cualquier aplazamiento de las elecciones amenazaría la supervivencia de la democracia», justificó en un discurso televisado.
Una oposición fragmentada frente a una maquinaria rodada
El Partido Progresista Serbio (SNS) de Vucic y sus aliados cuentan con 147 escaños sobre un total de 250, frente a los 65 de la principal coalición opositora, Serbia contra la Violencia. La gran incógnita es si el voto contrario al Ejecutivo quedará demasiado fragmentado para resultar decisivo, sobre todo porque los estudiantes han rechazado aliarse con partidos de la oposición tradicional.
Dinko Gruhonjic, profesor de periodismo en Novi Sad, no duda de que Vucic ha convocado los comicios convencido de que puede ganarlos. «Detrás de él no hay solo una maquinaria política y partidista, sino una estructura profundamente entrelazada con el crimen organizado», señala. Rasa Nedeljkov, subdirector de la ONG CRTA, recuerda que las elecciones anticipadas han sido históricamente «el juego favorito» de Vucic, pero advierte que esta vez la situación es distinta: «Por primera vez en mucho tiempo, el país afronta unos comicios sin un vencedor decidido de antemano».
Una encuesta realizada por CRTA junto al Democracy Action Lab de la Universidad de Stanford concluyó que más votantes respaldarían a la Lista de los Estudiantes que al SNS. Aun así, Nedeljkov matiza que los datos de intención de voto no se traducen automáticamente en una victoria. «En una autocracia electoral, solo la oposición pierde elecciones», advierte.
Los universitarios aún no han presentado su lista de candidatos. Nikola Burazer, del Centro de Política Contemporánea de Belgrado, explica que el proceso de selección «fue extraordinariamente complejo» y que el resultado final será «fruto de grandes compromisos y negociaciones». El reto es considerable: lo que ha hecho popular al movimiento es precisamente su carácter colectivo, sin una figura visible al frente, y ahora tendrá que poner nombres y caras en una papeleta.
La sombra del fraude y la mirada europea
Aleksandra Tomanic, economista y politóloga, cree que la clave estará en la participación. «La maquinaria de fraude electoral está diseñada para un nivel de participación de alrededor del 50%. Si los estudiantes consiguen movilizar a más gente, pueden ganar», argumenta. Desde el exilio por razones políticas, la activista Mila Pajic apunta a una paradoja que podría resultar fatal para el régimen: «Su incapacidad para imaginar la posibilidad de la derrota puede ser precisamente el mayor factor que termine apartándolo del poder».
Burazer advierte que la campaña será sucia y que episodios de violencia son probables. Por eso pide que Europa no aparte la mirada: «Será esencial supervisar atentamente tanto la campaña como la jornada electoral». La advertencia llega en un momento tenso tras las críticas de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, por la presencia de altos cargos serbios en el funeral del criminal de guerra Ratko Mladic, enterrado el pasado lunes en Belgrado con honores militares. Los estudiantes optaron por el silencio ante ese episodio, una decisión que Burazer califica de «inteligente»: cualquier posición habría sido un arma de doble filo.
Para Nedeljkov, independientemente de lo que ocurra en las urnas, Serbia ya no es el mismo país. La grieta abierta tras el colapso de Novi Sad ha transformado el mapa político y sitúa al régimen de Vucic ante su desafío más incierto.






