La llegada de Mohammed bin Salman a la Casa Blanca marcó un cambio profundo en su relación con Donald Trump. El presidente estadounidense decidió recibir al heredero saudí con honores plenos, una señal política que buscó reforzar una alianza estratégica situada en el centro de su agenda económica y energética. El gesto contrastó con el aislamiento que había rodeado a Bin Salman desde el asesinato de Jamal Khashoggi en 2018, un episodio que dañó su reputación internacional y tensó la interlocución entre Washington y Riad.
Trump presentó al príncipe como un “aliado total” y subrayó una amistad de larga data. El encuentro se diseñó para proyectar estabilidad y continuidad. Ambos insistieron en que sus gobiernos comparten intereses duraderos, especialmente en ámbitos económicos y tecnológicos.
El presidente habló de inversiones saudíes valoradas en 600 000 millones de dólares, con la meta pública de alcanzar el billón. Bin Salman, que intervino en inglés, destacó proyectos vinculados a inteligencia artificial y nuevas tecnologías, ámbitos que su plan de diversificación económica considera esenciales para el futuro del reino. Trump, por su parte, sugirió que su relación con Riad puede favorecer precios de combustible más bajos en Estados Unidos y defendió nuevamente los aranceles como herramienta de presión para generar ingresos.
Recorrido diplomático
Las preguntas más incómodas llegaron después. Trump evitó detallar los negocios de su familia en Arabia Saudí y redujo el caso Khashoggi a un “a veces ocurren cosas”, frase que rebajó un episodio considerado crítico para la diplomacia reciente. Insistió en que el heredero saudí no tuvo conocimiento del crimen y calificó al periodista asesinado como “controvertido”, un posicionamiento que mostró su voluntad de pasar página en un asunto que dividió a Washington durante años.
Bin Salman también tuvo que responder por la implicación de ciudadanos saudíes en los atentados del 11-S. Alegó que Osama bin Laden buscó romper la relación bilateral, aseguró que el reino adoptó medidas para impedir que un ataque similar volviera a producirse y defendió que Arabia Saudí actuó dentro de la legalidad durante la investigación posterior.
Esta visita, planificada para exhibir coincidencias estratégicas, rehabilitó por completo la figura del heredero saudí en Washington. Trump lo situó como actor indispensable para su agenda económica y energética, y la Casa Blanca convirtió a un líder antes cuestionado en un invitado de honor cuyo papel en la geopolítica regional vuelve a ocupar un lugar central.






