Donald Trump utilizó este martes su discurso ante la Asamblea General de la ONU para lanzar un ultimátum sin ambages a Irán: pactar un acuerdo nuclear «justo después de las midterm» o enfrentarse a la aniquilación. Con un tono que recordaba más a un mitin que a una intervención diplomática, el presidente estadounidense planteó ante la comunidad internacional una disyuntiva sin margen aparente para la ambigüedad.
«Tengo que tomar una gran decisión», afirmó Trump. «¿Se alcanzará un acuerdo con Irán que les permita reconstruirse y crear un país mucho más grande de lo que fue, quizá uno de los más grandes de Oriente Medio o incluso del mundo? ¿O aniquilo a la República Islámica y lo hago rápidamente, sin darles nunca la oportunidad de volver a matar y destruir a personas y países?»
Trump defendió que Washington ya ofreció a Teherán cooperación económica a cambio de frenar su programa nuclear, pero que el régimen iraní rechazó la propuesta. Como respuesta, reivindicó la denominada Operación Martillo de Medianoche, ejecutada en 2025 y que, según aseguró, permitió a Estados Unidos acabar con las capacidades nucleares iraníes. Pese a ello, insistió en que Irán continuó rechazando negociar y siguió ampliando sus arsenales.
El aviso a Europa: misiles balísticos que pueden alcanzar el continente
Uno de los momentos más cargados del discurso fue la advertencia directa a los países europeos. Trump subrayó que el arsenal de misiles balísticos iraní tiene el alcance suficiente para golpear territorio europeo y exigió a los socios del continente que tomen conciencia del riesgo que supone un Irán nuclear protegido por ese «escudo» de proyectiles. El mensaje no era sutil: Washington no piensa cargar solo con esa amenaza indefinidamente.
Trump también vinculó el expediente iraní con el terrorismo internacional. Recordó los atentados del 11 de septiembre, los ataques del 7 de octubre contra Israel —»incluidos bebés», dijo— y acusó al régimen de Teherán de haber celebrado esa ofensiva. Añadió que el Gobierno iraní reprimió violentamente las protestas internas y cifró en 10.000 las personas asesinadas durante esas movilizaciones.
El contexto en el que Trump pronunció este discurso no es menor. La Operación Furia Épica, lanzada conjuntamente por Estados Unidos e Israel, supera ya el medio año de ofensiva con el objetivo declarado de debilitar al régimen de los ayatolás. Sin embargo, el conflicto no ha conseguido por el momento los objetivos fijados por Washington: la guerra se ha extendido por buena parte de Oriente Medio, el Estrecho de Ormuz permanece cerrado y el precio del crudo ha escalado hasta los 100 dólares por barril. Irán, mientras tanto, ha intensificado los ataques con misiles contra bases estadounidenses en la región y sus aliados hutíes han golpeado infraestructuras energéticas saudíes, incluido el cierre del oleoducto Este-Oeste.
«Estados Unidos ha vuelto»: el otro Trump que habló en la ONU
Más allá de Irán, Trump aprovechó el foro internacional para reivindicar su gestión en clave doméstica. Cifró en 21 billones de dólares las inversiones captadas, aseguró que la inmigración irregular ha caído a cero y atribuyó a su Administración una reducción de la criminalidad. «Esta era oscura es el siglo de oro de Estados Unidos», proclamó.
La elección del escenario —la Asamblea General de la ONU— para mezclar amenazas militares con retórica electoral no pasó desapercibida. Trump cerró con una frase que resume bien su visión de la política exterior: «Yo he hecho la paz mientras los otros hablaban.»






